Alrededor de las cinco y media de la tarde terminó la reunión.
Febe se fue con unos amigos a cantar karaoke, mientras que Sue regresó sola a la mansión.
Así pasaron unos días más, en los que Sue acompañó a su abuelo en la mansión, hasta que finalmente le dijo que quería regresar a la Tierra.
Don Mar, como siempre, accedió sin oponerse. Luego le entregó un pequeño chip y le advirtió con cariño:
—Hija, no importa dónde estés, siempre debes cuidarte. Si llegas a estar en peligro, usa este chip.
—Está bien —respondió Sue, tomando el chip—. Usted también tiene que cuidarse, abuelo.
Don Mar soltó una carcajada—. No te preocupes por mí, yo sé cómo cuidarme. La que me preocupa eres tú, niña. No eres tan hábil para tratar con la gente como Febe, y eso me deja intranquilo.
La verdad era que Sue tenía un carácter muy tranquilo, casi como si nada la perturbara. No era de las que peleaban por lo que querían o se apresuraban a sobresalir. Siempre había sido una persona que necesitaba ser cuidada, y don Mar de verdad esperaba que pronto encontrara a alguien que supiera protegerla y quererla.
—Abuelo, gracias por todo —dijo Sue, abrazándolo con fuerza.
Desde pequeña, su abuelo había sido quien la cuidaba y la protegía. Él era su paraguas contra el mundo.
—Ay, mi niña —don Mar le acarició el cabello—. Anda, ve tranquila, pero apúrate en traerme un yerno, ¿eh?
—Lo intentaré —contestó Sue con una sonrisa.
Después de despedirse de don Mar, Sue se dirigió al transportador interestelar rumbo a la Tierra.
Mientras tanto, en la casa Cervantes, seguían esperando que Sue se presentara personalmente a negociar las condiciones del acuerdo. Sin embargo, esperaron y esperaron, y Sue no daba señales de aparecer.
Eso empezó a inquietar a José.
Según sus cálculos, Sue debía haber ido a visitarlos hacía rato. ¿Por qué estaba actuando de forma tan impredecible?
No solo José estaba preocupado, también el resto de la familia Cervantes.
La señora Cervantes frunció el ceño y soltó con impaciencia:
—¿Pero qué le pasa a Sue? ¿Será que ya no le interesa casarse para unirse a nuestra familia?
Cervantes suspiró profundamente:
—Lo que más temíamos, al final terminó pasando.
—Mamá, ese día, ¿qué fue realmente lo que pasó? ¿Fue Sue la que tendió la trampa a Eason o fue Eason quien…? —la pregunta quedó flotando en el aire, lo demás era evidente.
—¡Por favor! ¡Por supuesto que fue Sue la que planeó todo! —exclamó la señora Cervantes, indignada—. José, ¿acaso no conoces a tu hermano? ¿Tú crees que él haría algo así? Con lo que tiene, ¿acaso le faltan opciones? ¿Por qué iba a forzar a Sue si no quería?
José se llevó la mano a la frente y no dijo nada.
—El problema es que Sue sigue sin aparecer, y esto se está complicando mucho.
—¿Y tú y tu padre? Uno es subcomisario y el otro es comisario, ¿de verdad no pueden hacer nada? —insistió la señora Cervantes.
—No es tan fácil, mamá —negó José con la cabeza—. Cuando alguien asume un nuevo cargo, tiene que andar con mucho cuidado. Ahora están inspeccionando todo, y cualquier movimiento en falso podría meternos en un lío. ¿Ya olvidaste lo que pasó con los Duro?
Al mencionar a la familia Duro, el rostro de la señora Cervantes cambió. Antes, había sido muy cercana a la señora Mercedes de la familia Duro, pero desde que Emiliano Duro perdió el poder, nunca más la volvió a ver.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...