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La Heredera del Poder romance Capítulo 2750

Hace algunos años, estos tres hijos se la pasaban peleando por la herencia. Aquello parecía de telenovela: cada tres días había un drama nuevo en la familia.

Pero ahora, las cosas habían mejorado bastante.

Por eso, don Mar nunca fue muy fanático de las familias donde los hijos eran numerosos. Entre más hijos, más problemas, pensaba él.

Y sobre todo, le preocupaba que en la familia de Adam, su padre tuviera ¡cuatro hermanos! Cinco hombres en total.

Al poco rato, don Mar le preguntó directamente:

—¿Y entre tus tíos se llevan bien?

Aunque a don Mar le caía muy bien Adam, no quería que Sue, apenas se casara y entrara a la familia Lozano, tuviera que lidiar con chismes y pleitos.

Sue siempre había sido una muchacha sencilla, incapaz de defenderse en ese tipo de enredos familiares.

Al escuchar la pregunta, Sue levantó la cabeza con una sonrisa y respondió por Adam:

—Abuelo, los tíos de Adam son muy buena onda. Fui a su casa en las fiestas patrias y conocí a todos sus tíos y tías. Todos me trataron súper bien.

No solo en las fiestas patrias; cuando falleció la abuela Lozano, Sue ya había tratado con los parientes de la familia. Los Lozano eran gente cálida, tanto los mayores como los jóvenes, y siempre la recibieron con cariño.

—¿En serio? —don Mar la miró, dudando.

Sue asintió:

—Claro, si no me cree, pregúntele a Brice.

Brice enseguida intervino:

—Es cierto, abuelo, de verdad puede quedarse tranquilo. Mis tíos son muy amables. Aunque no viven en Ciudad Real, cuando hay algo importante siempre se juntan para apoyarse.

Brice nunca ocultaba nada. Desde chico fue huérfano, y si no fuera porque Gabriela lo acogió, ni siquiera tendría un hogar de verdad. Por eso, él envidiaba mucho la manera en que los Lozano convivían entre sí.

Don Mar entrecerró los ojos, pensativo. ¿Así que entre los hermanos Lozano no solo no había pleitos, sino que eran unidos? ¡Eso sí que era raro!

En ese momento, Adam se animó a decir:

—Abuelo, puede estar tranquilo. Nunca haría sufrir a Sue. Si no me cree, cuando quiera puede ir a mi casa y ver cómo vivimos.

Don Mar soltó una ligera risa:

—Ay, joven, tampoco te pongas tan serio, solo estaba preguntando. Sue es mi nieta consentida y quiero encontrarle un buen marido, alguien que la cuide y no la haga sufrir.

Suspiró, con un dejo de tristeza:

—Esta niña ha tenido una vida difícil, no le tocaron los mejores padres, así que yo, como su abuelo, no puedo dejar que le falte nada.

Normalmente, don Mar no solía abrir su corazón de esa manera, pero Adam era diferente. Se notaba que era buen muchacho, y merecía su sinceridad. Además, don Mar esperaba que Adam estuviera a la altura de su confianza.

—Abuelo, le prometo que nunca haré sufrir a Sue —afirmó Adam, mirándolo con toda la seriedad del mundo.

Don Mar asintió, complacido:

—Esas palabras me las guardo en el corazón, joven Lozano. Espero que tú también las guardes en el tuyo para siempre.

—Lo prometo, abuelo.

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