—¿Tú crees que Adam ya se enamoró de ella? —preguntó Jasmina, con un dejo de preocupación. Después de todo, Adam ya ni la miraba.
Sue era una mujer hermosa, con una cara bonita y un cuerpo que muchas envidiaban. Pocos hombres podían resistirse a alguien así.
Si Adam de verdad se había fijado en otra, Jasmina sí que se sentía la más tonta del mundo.
—¡No lo creo ni de broma! —afirmó Teresa con mucha seguridad—. Al final de cuentas, tú conociste primero a Adam. Para él, Sue no es más que tu reemplazo. ¿Y una simple suplente va a quitarte el lugar de la titular? ¡Ni en sueños! Así que, Jasmina, no tienes nada de qué preocuparte. Ya verás que Adam se casa con Sue y luego la deja de lado. No hay nada más doloroso que tener algo y después perderlo.
El amor era una cosa rara. El orden en que llegaban las personas importaba mucho; quien llegaba primero siempre tenía el lugar más importante, y los que llegaban después sólo podían aspirar a ser el plan B.
Así era Sue en ese momento.
Aunque Sue brillara hoy, cuando Adam supiera lo que sentía Jasmina, la dejaría sin dudar.
—Pero es que Adam ni siquiera me mira —admitió Jasmina, a pesar de que le costaba reconocerlo. Era la realidad.
—¡Ay, Jasmina, no seas ingenua! Ponte en su lugar. Si tú fueras Adam, ¿te mostrarías pegado a una chica que ya te rechazó? ¡Claro que no! Y además, hoy es su boda con Sue. Por más que le gustes, va a hacer todo por contenerse.
—¿De verdad? —Jasmina sintió que, de repente, se abría una ventana de esperanza.
—¡Por supuesto! Lo que uno no puede tener siempre lo inquieta, todos los hombres son así. Tú tranquila —insistió Teresa, convencida.
Para Adam, Jasmina era precisamente ese imposible que no lo dejaba en paz.
Teresa siguió:
—Jasmina, cuando seas la señora de la familia Higuera, ¡no te olvides de mí!
—Ni lo digas —sonrió Jasmina, asintiendo.
Teresa, entusiasmada, le apretó las manos.
—Hermana...
En ese momento, la voz de Febe interrumpió el ambiente.
Sue levantó la vista y vio a Febe llegar casi sin aliento.
—Febe —la saludó Sue.
Febe se limpió el sudor de la frente y preguntó:
—Hermana, ¿puedes hablar conmigo a solas un momento?
Sue miró a Adam, luego asintió.
Al recibir la aprobación, Febe tomó a Sue del brazo y la llevó a una de las habitaciones laterales.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...