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La Heredera del Poder romance Capítulo 2877

—Don Albarracín, la verdad yo creo que en esto hay que respetar la voluntad de cada quien. Al final, lo que se hace a la fuerza nunca sale bien —dijo Lucho, y añadió—: Usted ha visto crecer a Vicente, nadie lo conoce mejor que usted. Y si hay algo que Vicente no quiere hacer, por más que uno insista, no hay manera.

Don Albarracín miró a Lucho con seriedad.

—Lucho, dime la verdad, ¿tú crees que para Vicente yo soy como cualquier persona?

Recordó aquella noche de tormenta en que había salvado a Vicente. Si no fuera por él, Vicente no sería la persona que es hoy. Podía decirse, sin exagerar, que Vicente le debía la vida.

Y ahora, Vicente se atrevía a rechazarle un favor.

Si de verdad quería agradecerle, lo justo sería que Vicente se casara con Mariana; así todos estarían contentos.

Don Albarracín pareció perderse en sus recuerdos y murmuró:

—A esa edad, Vicente era apenas un niño... Pobrecito, tenía mamá y papá, pero nadie que realmente se preocupara por él...

El comentario cayó pesado en el aire. Incluso Lucho lo sintió fuera de lugar. ¿Eso qué era? ¿Cobrarle la deuda? ¿Querer forzarlo a agradecer a la fuerza?

—Don Albarracín, lo pasado ya quedó atrás. No podemos vivir siempre en el pasado, ¿no cree? —dijo Lucho con firmeza—. Yo sé que Vicente le debe mucho, pero en todos estos años, él ha hecho bastante por la familia Albarracín. Mire nada más lo que pasó en su empresa. Si no fuera por Vicente, ¿usted cree que el Grupo Albarracín seguiría en pie?

Lucho siempre había creído que don Albarracín era un hombre justo y sensato. Pero ahora... Vaya sorpresa.

Don Albarracín frunció el ceño, molesto por el comentario.

Sí, era cierto. Vicente los había ayudado mucho a lo largo de los años. Pero, ¿acaso eso se comparaba con una vida?

Aunque le incomodó, don Albarracín no dejó ver su enojo. Continuó:

—Lucho, entiendo lo que dices. Créeme que lo hago pensando en Vicente. Ya tiene la edad para casarse y hasta ahora no da señales de nada. No puede quedarse solo para siempre. Él y Mariana han crecido juntos, se conocen de toda la vida. ¡Harían una pareja perfecta!

¿Con quién más se iba a casar Vicente? Mejor que fuera con Mariana; así le pagaba el favor y de paso cumplía el sueño de la muchacha. Todos salían ganando, ¿no?

—Pero Vicente ya tiene a alguien en su corazón —replicó Lucho.

Don Albarracín sonrió indulgente.

—Eso es normal, Lucho, es cosa de hombres. Yo lo entiendo, Mariana también lo entenderá.

Era lo más que podía ceder don Albarracín. Vamos, ¿cuántos abuelos aceptarían que su nieta se casara con un hombre que no la ama y que tiene a otra en mente?

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