Hanna estaba completamente emocionada.
Quería gritar de felicidad.
Por fin, ya no tenía que sentir envidia de Lys.
Ahora también podía disfrutar de todo lo que Lys tenía.
Sin embargo, a pesar de la emoción, no se olvidó de mantener la calma.
Tranquila.
Tenía que mantener la cabeza fría.
Primero, no quería hacer el ridículo delante del jefe Rios.
Y segundo, no podía dejarse engañar por personas malintencionadas.
Había gente que aparentaba tenerlo todo, pero en realidad solo presumía de autos y relojes de lujo rentados.
Debía estar muy atenta para no dejarse embaucar.
Pronto llegaron a la primera fila, a los asientos VIP.
Allí ya los esperaba un camarero uniformado. —Por aquí, Sr. Rios.
El jefe Rios asintió y, con mucha cortesía, miró a Rosana. —Sra. Rosana, por favor, tome asiento.
—Gracias —respondió Rosana con una sonrisa.
—Hanna, siéntate junto a tu mamá —añadió el jefe Rios.
Hanna asintió con una sonrisa.
Cuando los tres se acomodaron, el jefe Rios miró al camarero. —Quiero un café Blue Mountain.
Luego giró hacia Rosana y Hanna. —¿Ustedes qué quieren tomar?
—Yo igual que usted —dijo Rosana.
Hanna sonrió. —Si tomo café en la noche no voy a poder dormir, ¿me puede traer un jugo de naranja, por favor?
—Claro —asintió el jefe Rios—. Dos Blue Mountain y un jugo de naranja natural.
—En un momento se los traigo —respondió el camarero.
Aún faltaban diez minutos para que comenzara la función del musical.
A los tres minutos, el camarero regresó con las bebidas y una charolita con bocadillos finos.
Hanna sacó su celular, tomó una foto de las bebidas y la entrada, y subió todo a sus historias.
"Aprovechando los últimos momentos del finde. [imagen.jpg]"
No tardaron en llegar los comentarios.
"¡Ay, llevo siglos queriendo ir! ¡Nunca alcanzo boletos!"
"¡Qué envidia!"
"Hanna, ya acepta que eres hija de papi."
"Quiero ir al musical contigo, diosa."
—¿Hija de rico? Por favor, ¿no lo ven? Esa foto la sacó de internet. Se venden por diez pesos el montón.
La que escribió fue Jimena, la eterna rival de Hanna.
Jimena venía de familia acomodada y tenía cierto estatus en el grupo.
Como era de esperarse, nadie le respondió de inmediato.
Pasaron unos segundos y una chica, que había sido compañera de Hanna en la secundaria, salió a defenderla.
—¿Y tú cómo sabes que es falsa, Jimena? ¿Acaso tienes cámaras en su casa?
—Pura envidia —dijo otra persona.
—Sí, ¿o qué? ¿Tienes cámara en casa de Hanna? —agregó otra.
Jimena, que nunca se quedaba callada, contestó al instante:
—Los hechos hablan por sí solos. Si de verdad compró boletos VIP, ¿por qué no ayuda a conseguir unos normales? Se nota que solo está presumiendo y no es capaz de ayudar ni a sus amigos.
—Bueno, la verdad es que Jimena no anda tan perdida —secundó alguien más.
Jimena siguió escribiendo en el grupo:
—De verdad, nunca he visto a alguien tan falso. Vive en su propio mundo de fantasía, ¿no se cansa?
Hanna se llenó de rabia al ver la conversación.
Ella no quería pedirle favores al jefe Rios para no dar mala impresión, pero en boca de Jimena, parecía que era una presumida de pacotilla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...