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La Heredera del Poder romance Capítulo 3030

Sin embargo, en ese momento Hanna sabía que no podía decir nada todavía. Tenía que esperar y observar cómo se daban las cosas.

Aunque ya estaba segura de que el jefe Rios era el verdadero patrón, también sabía que la gente adinerada podía cambiar de parecer de un día para otro. Hoy el jefe Rios podía estar encantado con la señora Rosana, pero quién sabe si mañana no encontraría a otra mujer que le llamara más la atención.

Por eso, Hanna decidió esperar. Ya vería el sábado cómo se comportaba el jefe Rios.

Al llegar a su casa, Hanna encontró a Zeus cortando fruta en la cocina. Zeus parecía de buen humor.

—Ya llegaste, Hanna —le dijo con una sonrisa.

—Hola, papá.

Zeus la miró con picardía y le preguntó:

—¿Tienes novio, Hanna?

—No, papá, ¿por qué me preguntas eso de pronto? —respondió Hanna, negando con la cabeza.

Zeus sacó su celular y se lo mostró.

—¡Mira lo que subiste a tu Facebook!

—Ay, eso fue con unas amigas, papá, no inventes —explicó Hanna—. Todas éramos mujeres. Anda, no empieces a imaginar cosas raras. Por cierto, ¿no dijiste que hoy ibas a una cita a ciegas? ¿Qué tal te fue?

Todavía no era el momento de contarle a Zeus sobre el jefe Rios. No quería que, si se enteraba, pensara cosas raras o intentara intervenir. No fuera a echar todo a perder.

Zeus sonrió, satisfecho.

—Pues la verdad, no estuvo mal. La primera impresión fue buena, pero aún no sé bien cómo es de carácter. Creo que quiero conocerla un poco más, ver si podemos convivir.

En realidad, Zeus no era tan exigente. Con que fuera alguien con quien pudiera compartir el día a día, le bastaba.

—Me alegro por ti, papá —le dijo Hanna.

—Ay, hija… —Zeus suspiró y luego preguntó—: ¿Y tu mamá? ¿Cómo ha estado últimamente?

Hanna negó con la cabeza, sincera.

—No he hablado con ella últimamente, así que no sé mucho.

Eso tranquilizó a Zeus. Por lo menos su hija se mantenía de su lado.

—Hanna —le dijo con voz suave—, lo que pasó entre tu madre y yo es cosa de adultos, y no tiene nada que ver contigo. Ella siempre será tu mamá, la que te dio la vida y te crió. Pase lo que pase entre nosotros, tú no dejes de quererla, ¿sí? No permitas que el enojo del momento te aleje de tu mamá.

Hanna frunció el ceño.

—¡Pero ella te fue infiel!

Zeus sintió un nudo en la garganta. Se le humedecieron los ojos y le acarició el cabello.

—Eres una buena hija, Hanna.

—Sí, lo tengo aquí —asintió Hanna.

—Entonces vamos nosotras —decidió Rosana.

Hanna frunció el ceño sin que su madre lo notara.

—¿De verdad no dijo que vendría a recogerte?

Rosana negó con la cabeza y sonrió.

—Ahora con el GPS es fácil llegar, no hace falta que nos vengan a buscar.

—Eso suena bonito, mamá, pero no es así. Es tu primera vez en la casa de los Rios. Si realmente le importaras, él mismo debería venir a buscarte y no dejar que vayas sola.

Rosana se encogió de hombros, sin darle importancia.

—Hoy es el cumpleaños de tu abuela Rios y el señor Rios estará ocupado. Es normal que no se fije en esos detalles.

Para Rosana, lo importante en un matrimonio era la tolerancia. No le preocupaban esos detalles, siempre y cuando estuviera segura de que el jefe Rios la tomaba en serio.

—Por cierto, Hanna, ¿ya pensaste lo que te dije? ¿Cuándo vas a cambiar tu domicilio, eh?

—Mamá, no te apures, déjame pensarlo un poco más.

—¿Todavía lo tienes que pensar? —insistió Rosana—. No entiendo cómo hay quien no quiera ser hija de familia rica. Pero te digo una cosa, Hanna: si no te vienes, luego no te quejes si el señor Rios y yo tenemos otro hijo y te sale un hermanito o hermanita.

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