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La Heredera del Poder romance Capítulo 3043

Fue curioso cómo, justo después de colgar el teléfono, Rosana escuchó que tocaban la puerta.

—Adelante —dijo Rosana.

Al instante siguiente, el jefe Rios entró al cuarto.

—Alejandro —lo saludó Rosana.

El jefe Rios sonrió y le preguntó:

—Rosana, ¿cómo te fue hablando con Hanna? Mi mamá y yo ya lo hablamos, y estamos de acuerdo en que Hanna puede quedarse en el cuarto del tercer piso.

—Ya hablé con Hanna —respondió Rosana—. Dijo que quiere salir adelante por sí misma, que prefiere no depender de la familia.

El jefe Rios se sorprendió y comentó:

—Mira nada más, Hanna sí que tiene carácter, es una buena muchacha. Los jóvenes de ahora ya no quieren que todo se los den. ¿Qué te parece si la ves mañana? Así platicamos los tres, cara a cara, y vemos cómo ayudarla.

—Me parece muy bien —asintió Rosana.

Después de un momento, Rosana añadió:

—Alejandro, muchas gracias.

El jefe Rios sonrió y le respondió:

—¿Gracias de qué?

—Por todo lo que haces por nosotras —dijo Rosana—. De verdad, gracias por ser tan bueno conmigo y con mi hija.

Jamás se habría imaginado que un día llegaría a vivir así. ¡Ser la esposa de un hombre adinerado realmente era otra cosa!

El jefe Rios, todavía sonriente, le contestó:

—Ya somos familia, Rosana. No tienes por qué andarme agradeciendo todo el tiempo.

Y enseguida añadió:

—Bueno, ahí la dejamos. Yo me voy a mi cuarto. Descansa, ¿sí? Si necesitas algo, dile al mayordomo, él te ayuda.

—Está bien —volvió a asentir Rosana.

El jefe Rios se fue a su habitación.

Rosana lo siguió con la mirada, y no pudo evitar que se le dibujara una sonrisa en los labios.

En seguida, Rosana llamó a Hanna para contarle lo que había dicho el jefe Rios:

—Hanna, te lo advierto, si no quieres que esa tal Lys te pase por encima, tienes que aprovechar esta oportunidad.

—Ya lo sé, mamá —contestó Hanna.

De pronto, Rosana recordó algo y preguntó:

—Sí, habrá que ir a darme una vuelta cuando pueda —concluyó Rosana.

Después de colgar, Hanna se quedó pensando en lo que su mamá le había dicho.

Sabía que esto podía cambiarle la vida, así que tenía que aprovecharlo sí o sí. No podía dejar pasar una oportunidad así, porque hay cosas que, si las dejas escapar, no hay manera de recuperarlas.

Hanna entrecerró los ojos, ya tenía claro lo que debía hacer.

Como había quedado con Rosana y con el jefe Rios, al día siguiente Hanna se levantó muy temprano.

Zeus, que estaba preparando el desayuno en la cocina, la vio llegar y le preguntó con una sonrisa:

—Hanna, ¿y eso que te levantaste tan temprano?

—Quedé con unas amigas para ir a las afueras de la ciudad a recolectar hierbas —respondió Hanna, mintiendo sin que se le notara ni un poco.

—Sí, para salir fuera hay que levantarse temprano —dijo Zeus—. ¿Qué quieres desayunar? Yo te preparo lo que quieras.

—Un sándwich está bien, papá.

—Perfecto —asintió Zeus.

Mientras desayunaban, Zeus le dijo:

—Hanna, si mañana no tienes nada importante que hacer, mejor quédate en casa. Vamos a tener visitas.

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