El jefe Rios dijo: —Te lo repito, somos una familia, no tienes que ser tan formal. Hanna, aunque decidas irte con tu padre biológico, siempre serás bienvenida en nuestra casa.
En nuestra casa, pero como invitada.
Lo dijo así, “como invitada”.
Eso era una manera sutil de recordarle a Hanna que, si no se quedaba con Rosana, para él y para la familia Rios, ella sería una visita más. Una invitada.
—Está bien, Sr. Rios —respondió Hanna, asintiendo con la cabeza.
Al terminar la comida, Hanna se despidió y tomó el auto de regreso a casa.
Durante el trayecto, le dieron vueltas muchas cosas en la cabeza.
Y al final, dentro de sí, ya tenía la respuesta.
Para no levantar sospechas por regresar demasiado temprano, decidió pasar un rato en una cafetería cercana. Se sentó con un café, viendo cómo caía la tarde, y solo cuando oscureció volvió a su casa.
Al día siguiente, Zeus le avisó que traería a su actual pareja a la casa.
Hanna se levantó temprano.
Zeus también acababa de despertar.
—Papá, ve a recoger a la señora Ana. Yo me encargo de la casa —le dijo Hanna.
Zeus le sonrió, agradecido: —Gracias, Hanna. Tener una hija tan atenta como tú es una bendición.
Y es que, ¿cuántas hijas hacen lo que Hanna hace?
Hanna, algo resignada, respondió: —Papá, ¿todavía me hablas así de formal? Anda, ve por la señora Ana, que seguro quiere arreglarse antes de salir de casa. Puedes esperarla un ratito.
—Sí, sí, tienes razón. Ya voy —contestó Zeus, asintiendo.
Justo cuando Zeus iba a salir, Hanna agregó: —Por cierto, ¿qué le gusta comer a la señora Ana? Hoy quiero que pruebe mi sazón.
Hanna cocinaba muy bien, gracias a su abuela que la había criado y enseñado desde niña.
Zeus se emocionó aún más. Tener una hija así era algo que pocos podían presumir.
—Lo que sea que cocines, le va a encantar —le aseguró Zeus.
Hanna sonrió: —Bueno, entonces haré de todo un poco.
—Perfecto —dijo Zeus, marchándose.
Apenas Zeus se fue, Hanna se puso el delantal y empezó a preparar el almuerzo.
Tras un par de horas, el timbre sonó.
Su primera impresión fue clara: Hanna era una muchacha educada y bonita.
Ahora entendía que Zeus no exageraba cuando hablaba de su hija. Creía que era amor de padre, pero viendo cómo era Hanna, se dio cuenta de que todo era cierto.
Hanna era realmente especial.
Enseguida, Hanna regresó con la taza: —Señora Ana, aquí tiene su café. Ya casi está lista la comida.
Luego miró a Zeus y dijo: —Papá, tú quédate aquí platicando con la señora Ana. Voy a revisar el almuerzo.
—Ve tranquila —contestó Zeus.
Ana también se levantó: —Hanna, déjame ayudarte.
—No, no, señora Ana —dijo Hanna, devolviéndola suavemente al sillón—. Usted quédese aquí conversando con mi papá. Yo soy la joven, es mi deber cocinar para ustedes.
Hanna lo hacía también para sentirse mejor consigo misma.
Sabía que, antes de irse, debía dejarle a Zeus una buena compañía.
Zeus, sonriendo, miró a Ana: —Déjala. Es su manera de mostrar cariño.
Ana asintió y, viendo a Hanna ir y venir en la cocina, murmuró: —Qué buena hija es Hanna.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...