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La Heredera del Poder romance Capítulo 3048

Después de colgar el teléfono, Hanna empezó a pensar cómo podría hablar con Zeus. Le daba vueltas a las palabras, sin saber cómo empezar una conversación tan delicada.

Al día siguiente, ya cerca del mediodía, Hanna por fin se armó de valor y decidió que ya no podía seguir guardando ese secreto.

—Papá, quiero hablar contigo de algo. ¿Tienes un momento? —dijo Hanna, mirándolo con una seriedad poco común en ella.

Al verla tan seria, Zeus sonrió y trató de quitarle peso al asunto:

—¿Qué pasa? ¿Por qué tan formal? ¿Qué me quieres decir? —

—Es algo importante —contestó Hanna.

—¿Acaso tienes novio? —preguntó Zeus, medio en broma, medio en serio.

Hanna negó con la cabeza.

—No es eso.

—¿Entonces? —insistió Zeus, ahora sí intrigado.

—Mejor siéntate, papá. Quiero contarte todo con calma.

—Está bien —dijo Zeus, asintiendo.

Ambos se sentaron en el estudio. El ambiente, de pronto, se volvió más denso, como antes de una tormenta.

Hanna eligió bien sus palabras. No quería herirlo, pero tampoco podía mentirle más.

—Papá, lo he pensado mucho y creo que ya no puedo seguir ocultándotelo...

—Quiero irme a vivir con mi mamá.

Zeus se quedó mudo unos segundos. Luego reaccionó, un poco desconcertado:

—¿Por qué?

—Simplemente quiero estar con ella —explicó Hanna, bajando la mirada.

Zeus, sintiéndose culpable, enseguida buscó razones en sí mismo:

—¿Es por lo de mi boda con la señora Ana? Si es por eso, mira, puedo terminar con ella ahora mismo. Lo que sea por ti.

Para Zeus, su hija era lo más importante y haría cualquier cosa por verla feliz.

—No es por eso, papá —aclaró Hanna—. Es que siento que mi mamá ha dado todo por esta familia, ha trabajado toda su vida y ahora está sola… No quiero que termine sin nada.

Sus palabras sonaron tan nobles que, si alguien más las hubiera escuchado, seguro habría pensado que Hanna era la hija más devota del mundo.

Pero la verdad era que Hanna no era ni la hija perfecta ni tampoco una mala persona. Al menos, antes de irse, había dejado a Zeus con una compañera adecuada para la vida. Por lo menos, él no estaría solo en su vejez.

—¿Te parece que tu mamá está sola y triste? ¿Y no crees que yo también podría sentirme solo? —preguntó Zeus, sin entender cómo su hija había cambiado de parecer tan rápido.

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