Andrea seguía con la sonrisa en el rostro. —Rosana, tú...
Pero Rosana ya no tenía ganas de lidiar con Andrea. Sin decir más, tomó a Hanna del brazo y se dispuso a irse.
Andrea, sin resignarse, estiró la mano y le agarró el brazo a Hanna. —Hanna, ayúdame, dile algo a tu tía, ¿sí?
A los ojos de Andrea, Hanna siempre había sido una niña comprensiva y sensata, y además ella siempre le había tenido mucho cariño. Lo lógico, pensaba, era que los problemas entre adultos no debían involucrar a los hijos, así que esperaba que Hanna, al menos, dijera un par de palabras a su favor.
Pero lo que pasó a continuación la dejó completamente descolocada: Hanna apartó la mano de Andrea con firmeza y le dijo: —Tía, ¿ya no se acuerda de lo que usted y mi tío le dijeron e hicieron a mi mamá cuando ella se divorció? ¿Ahora viene aquí queriendo quedar bien? Lo único que pasa es que vio que mi mamá anda con el señor Ríos.
Hanna continuó, con la voz firme: —Antes no entendía lo que era la hipocresía de la gente, pero ahora ya lo tengo clarito. Mi mamá tenía razón: de ahora en adelante, cada quien por su lado.
Al fin y al cabo, ¿a qué le temen más los ricos? A los familiares que no dejan de pedir favores y se aferran como garrapatas. Mejor cortar de raíz que andar arrastrando problemas.
Porque la verdad, un familiar pobre lo único que trae son dolores de cabeza y problemas, nada más.
Andrea miró a Hanna con los ojos muy abiertos. —Hanna, ¿cómo le hablas así a tu tía?— No podía creer lo que estaba escuchando, le dolía ver en quién se había convertido Hanna.
—Hasta aquí llegamos—, sentenció Hanna. —Todo lo que había que decir ya lo dijo mi mamá. Les pido que tengan un poco de dignidad.
El rostro de Andrea se puso pálido.
—Mamá, vámonos—, dijo Hanna, mientras tomaba del brazo a Rosana para irse.
Andrea quiso ir tras ellas, pero de pronto alguien la detuvo tomándola del brazo.
Al voltear, vio que era nada menos que Reyes.
—Reyes...— murmuró Andrea.
El rostro de Reyes reflejaba molestia. —Escuché todo lo que dijeron. Esas dos ya no tienen corazón. De ahora en adelante, para nosotros, esa familia ya no existe.
Andrea le respondió: —Pero al final de cuentas, sigue siendo tu hermana...
—Yo no tengo una hermana así—, respondió Reyes, claramente molesto.
—Sí—, asintió Reyes, y siguió caminando junto a Andrea.
Mientras tanto, por otro lado, tras haber sacado a Hanna del registro familiar, Zeus sentía un vacío en el pecho. Sentía como si le faltara algo.
Ana le preparó un té y, sonriendo, le dijo: —Zeus, ya puse mi casa en venta. Si te parece bien, podemos ir viendo a dónde mudarnos y poner el súper que querías.
—¿Tan rápido?— Zeus la miró sorprendido.
—Hay cosas que es mejor hacerlas de una vez, sin pensarlo tanto—, respondió Ana.
Zeus la miró de nuevo. —¿Y no te da miedo que te esté engañando?
Ana lo miró de frente. —Desde la primera vez que te vi, supe que no eras un mentiroso. Por eso confío tanto en ti. Llevo tres años divorciada y nunca había deseado tanto tener una familia, un niño lindo.
La verdad, que Hanna insistiera en independizarse no le parecía tan malo a Ana. Al principio, Zeus no quería volver a tener hijos, y aunque Ana nunca se opuso, en el fondo, como cualquier mujer que ama, soñaba con tener un hijo junto a la persona que quiere.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...