Pasaron varios minutos antes de que Hanna lograra reaccionar. Entonces, ayudó a Rosana a levantarse del suelo y le dijo:
—Mamá, ya no llores, vámonos de aquí primero, ¿sí?
Rosana la miró con los ojos enrojecidos y le preguntó, entre sollozos:
—¿A dónde vamos a ir?
Hanna en realidad tampoco tenía claro a dónde podían ir en ese momento, así que solo respondió:
—Primero salgamos de aquí, después vemos qué hacemos.
Rosana se quedó unos segundos sin decir nada, con la mirada perdida, hasta que por fin habló con la voz ronca:
—No quiero irme.
Después de un mes viviendo allí, ya se había acostumbrado al trato de los empleados y a la vida cómoda. No quería dejar esa casa, y sentía que tampoco podía hacerlo.
—Si no te vas ahora, ¿vas a esperar a que venga alguien y te saque a patadas? —insistió Hanna—. ¡Rios es un farsante!
—¡No, él no es un farsante! —gritó Rosana, rompiendo otra vez en llanto—. Él me dijo que se iba a casar conmigo, no puede ser un farsante…
Hanna suspiró y le preguntó:
—¿Dónde fue que conociste a Rios?
—En casa de Amanda —contestó Rosana.
—¡Amanda, claro que fue Amanda! —exclamó Hanna, como si de pronto todo encajara—. ¡Tenemos que ir a buscarla ahora mismo!
—¿Acaso fui la única que se dejó engañar? —reclamó Rosana, mirándola—. Hanna, ¡hay que ser honesta! Y tú, que estudiaste en la universidad, ¿para eso te mataste tantos años con los libros?
Hanna prefirió quedarse callada. La realidad era que Rios había sido demasiado bueno para engañarlas, y hasta ahora ella no lograba entender cuáles eran sus verdaderas intenciones. Dinero o placer, algo debía querer. Pero parecía que ni una cosa ni la otra. A menos que todo fuera una trampa de Amanda.
Arrastrando sus maletas, ambas tomaron un taxi y fueron directo a la entrada de la mansión de la familia Lozano.
Rosana, con las manos en la cintura, empezó a gritar desde la acera:
—¡Amanda! ¡Sal de ahí, desgraciada!
Hanna la miraba desde un lado y no hizo nada por detenerla.
¿De qué tienen miedo los ricos? De los escándalos. Y Rosana, en ese papel, aunque no pudiera asustar a Amanda, seguro llamaría la atención de Adolfo. Si lograban hablar con él y contarle lo de Amanda y su amante… Aunque todavía no tenían pruebas, el detective ya estaba investigando y era cuestión de tiempo para que tuvieran resultados.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...