Pasaron varios minutos antes de que Hanna lograra reaccionar. Entonces, ayudó a Rosana a levantarse del suelo y le dijo:
—Mamá, ya no llores, vámonos de aquí primero, ¿sí?
Rosana la miró con los ojos enrojecidos y le preguntó, entre sollozos:
—¿A dónde vamos a ir?
Hanna en realidad tampoco tenía claro a dónde podían ir en ese momento, así que solo respondió:
—Primero salgamos de aquí, después vemos qué hacemos.
Rosana se quedó unos segundos sin decir nada, con la mirada perdida, hasta que por fin habló con la voz ronca:
—No quiero irme.
Después de un mes viviendo allí, ya se había acostumbrado al trato de los empleados y a la vida cómoda. No quería dejar esa casa, y sentía que tampoco podía hacerlo.
—Si no te vas ahora, ¿vas a esperar a que venga alguien y te saque a patadas? —insistió Hanna—. ¡Rios es un farsante!
—¡No, él no es un farsante! —gritó Rosana, rompiendo otra vez en llanto—. Él me dijo que se iba a casar conmigo, no puede ser un farsante…
Hanna suspiró y le preguntó:
—¿Dónde fue que conociste a Rios?
—En casa de Amanda —contestó Rosana.
—¡Amanda, claro que fue Amanda! —exclamó Hanna, como si de pronto todo encajara—. ¡Tenemos que ir a buscarla ahora mismo!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...