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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 795

Isabel Allende estaba en la sala médica haciéndose su revisión prenatal cuando escuchó que su celular vibraba. Instintivamente quiso contestar, pero Esteban Allende se lo quitó con suavidad.

—Tranquila, primero vamos a terminar la revisión.

Isabel asintió con una sonrisa.

—Sí.

En la pantalla del monitor, el médico le mostró la imagen y les explicó a ambos:

—En este punto está el bebé.

Isabel, observando la pantalla con atención, murmuró:

—Parece más grande que la última vez.

La vez pasada, el bebé apenas se veía, parecía del tamaño de un maní, pero ahora, ¿sería del tamaño de una pelota de ping-pong?

El médico volvió a examinar la imagen, moviendo el aparato de ultrasonido con más detalle sobre el vientre de Isabel.

—¿Eh…?

Isabel lo notó extraño y preguntó, algo inquieta:

—¿Pasa algo?

El médico se quedó mirando la pantalla como si acabara de descubrir un tesoro perdido, moviendo el aparato de un lado a otro.

La reacción le puso los nervios de punta a Isabel. Sin pensarlo, volteó a ver a Esteban, buscando apoyo.

Él tomó su mano pequeña y apretó su palma para tranquilizarla.

—Todo está bien —susurró, mirándola con ternura.

Pero al mirar al médico, su expresión se volvió seria, casi intimidante.

El médico, sintiendo la presión, aclaró apresurado:

—Señorita, parece que… hay tres bebés.

—…

—…

El consultorio quedó en silencio absoluto.

¿Tres? ¿Tres bebés?

Isabel repitió, incrédula:

—¿Tres?

El asombro le temblaba en la voz.

El médico revisó de nuevo, concentrándose:

—Parece que los otros dos sacos gestacionales eran muy pequeños antes, por eso no se veían bien.

Esteban, con voz grave, preguntó:

—¿Y ahora ya se ven con claridad?

El médico asintió, tragando saliva:

—Sí, ahora sí se ven.

Si esta vez volvía a equivocarse, seguro perdía el empleo.

—¿Tres? ¡Isa, eres increíble!

Trillizos… Era algo que no se veía todos los días.

—Cuídala muy bien estos días, ¿eh? En unos días regreso.

Esteban solo alcanzó a responder con un leve “ajá”.

Pero la señora Blanchet no terminó ahí:

—Y otra cosa: en la noche, ni se te ocurra acercarte a ella, ¿eh?

Esteban no dijo nada, solo suspiró.

—Un embarazo de trillizos es muy delicado, ¡pon atención! —insistió la señora Blanchet—. Mejor duerman separados.

Tras pensarlo un poco, lo propuso con toda seriedad.

—Nada hay más seguro que dormir en camas separadas —dijo, preocupada de que algo le pasara a Isa.

Esteban se llevó la mano a la frente.

—Sé lo que hago.

—¡No me salgas con que sabes lo que haces! No creas que no me di cuenta que la vez pasada no me hiciste caso.

La señora Blanchet bufó con molestia.

Por el teléfono, le fue dando mil y un advertencias a Esteban, que ya sentía que le iba a explotar la cabeza.

Afortunadamente, la conversación no se alargó demasiado, porque al imaginar lo poco que su hijo se podía controlar con Isa, decidió que esa misma noche volvería a casa.

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