En su vida pasada, no sabía cuántas veces las personas enviadas por Selena la habían secuestrado y retenido en contra de su voluntad.
Ahora, con el cuerpo lleno de energía y fuerza, sentía que incluso si diez guardaespaldas la rodearan, podría abrirse paso y escapar.
Sonrió y dijo:
—Sistema, te lo agradezco.
[Si la usuaria completa las misiones del Sistema de la Heredera Perfecta, obtendrá abundantes recompensas. Siga esforzándose.]
Clara estaba a punto de preguntar cuál era la siguiente misión.
Cuando desde la planta baja llegó la voz de uno de los empleados saludando:
—¡Buenas tardes, joven Julián!
Salió rápidamente al balcón y miró hacia abajo. Vio bajar de un auto a un niño de nueve años, con la mochila colgada descuidadamente del hombro y una expresión fría.
Era su tercer hermano, Julián Luna.
Cuando ella se había ido de la mansión, su hermanito apenas tenía tres años y andaba todo el tiempo detrás de ella llamándola hermana.
Pero los niños de esa edad olvidaban pronto. Julián no tenía ningún recuerdo ni de su verdadera madre ni de ella.
Gracias a las cizañas constantes de Blanca y Selena, su hermano menor terminó odiando a su propia sangre, mientras que llamaba mamá a Blanca y hermana a Selena.
En su vida pasada, este era el hermano al que menos soportaba.
Los mayores, Cristóbal y Mateo, simplemente eran indiferentes con ella, y el menor, Pizarro, padecía autismo y no hablaba. Pero Julián demostraba su desprecio abiertamente.
Su hermano se había convertido en un arma afilada en las manos de Blanca.
Un arma con la que a ella la habían dejado sangrando un sinfín de veces.
Pero luego, esa misma arma se oxidó; su tercer hermano terminó quedándose ciego.
Clara observó a Julián desde arriba. Podía ver sus hermosos ojos oscuros, idénticos a los de su madre.
¡De repente!
El niño levantó la mirada y sus ojos se cruzaron.
Fue solo un instante; Julián apartó la vista y entró a la sala con el rostro inexpresivo.

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