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La Heredera Renacida: Venganza y un Esposo de Recompensa romance Capítulo 5

La Mansión Luna tenía cuatro niveles.

El sótano funcionaba como bodega y cava de vinos.

El primer piso albergaba la sala y el cuarto de servicio.

En el segundo piso estaba la habitación principal y el antiguo cuarto de Clara.

En el tercer piso estaban las habitaciones de los cuatro jóvenes y un cuarto de invitados. Las recámaras de ese piso eran bastante pequeñas.

Selena estaba acostumbrada al cuarto inmenso del segundo piso, así que de ninguna manera se iba a ir al tercero de buena gana.

De inmediato se opuso:

—¡No! ¡No me voy a ir! ¡Es mi recámara y nadie me la va a quitar!

Blanca respiró profundo para intentar calmarla:

—Selena, sé buena...

—¿Por qué llega y me roba mi cuarto? ¡Quién se cree que es!

Gritó Selena perdiendo el control.

Frente a Blanca, nunca disimulaba sus rabietas.

—Suficiente favor le hicimos con traerla de regreso del campo, ¡y todavía se atreve a exigir más! Mamá, regrésala. Que se quede allá para siempre, que sea una don nadie toda su vida...

—¡Cállate!

La expresión de Blanca se volvió sombría.

Si hubiera tenido cualquier otra opción, jamás habría soportado tener que traer a Clara para amargarse la existencia.

—Ya que parece molestarles tanto... —Clara se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja—. Qué tal esto: yo me quedo en el tercer piso.

Blanca entrecerró los ojos para observarla.

Hace unos segundos, esta muchacha exigía recuperar su cuarto con una actitud feroz.

¿Por qué cedía tan de repente?

Clara sonrió y agregó:

—Dormir en una habitación que ya usó otra persona me da asco.

Clara entró al cuarto de invitados del tercer piso.

En realidad, no era un espacio tan pequeño; era mucho más grande que la habitación de hospital donde había pasado diez años, y hasta tenía un pequeño balcón.

[¡Ding! ¡Misión completada!]

[Recompensa de la misión: Fuerza colosal. Ayudará a la usuaria a convertirse en una señorita de la alta sociedad sumamente fuerte.]

Clara: «...»

Se suponía que las señoritas de la alta sociedad debían ser delicadas y elegantes. Si desarrollaba demasiada fuerza y músculos, terminaría pareciendo fisicoculturista...

¿Acaso este sistema no tenía idea de lo que significaba la elegancia?

Pero tener fuerza siempre era una ventaja.

Se acercó a la mesa de centro; era de mármol y se veía bastante pesada.

Usó ambas manos y, para su sorpresa, logró levantarla en el aire sin el más mínimo esfuerzo.

Los ojos de Clara brillaron al instante.

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