Kennedy
Me apoyé contra el vidrio, intentando recuperar el aliento y que mis piernas volvieran a reaccionar.
¿Por qué los dos mejores encuentros sexuales de mi vida habían sido con alguien que apenas me había tocado?
En cuanto sentí que podía moverme y que mis sentidos regresaban, me desvestí, agarré mi vibrador favorito y me metí a la regadera. Una parte de mí esperaba que él pudiera escucharlo, pero la otra se sentía avergonzada de que me hubiera provocado tanto con esa facilidad; no quería alimentar su ego.
Después de tres rondas imaginando todas las formas posibles en las que podría tener a Ryker allí conmigo, mi cuerpo quedó exhausto. Era increíble lo vívida que era mi imaginación cuando él era el protagonista.
Si seguía así, iba a terminar acabándome la batería del juguete. Me metí a la cama y mi estado de ánimo cambió rápido mientras me preparaba para dormir, con la esperanza de estar lo suficientemente cansada como para que mis sueños no fueran tan malos.
Hasta ese momento me había ido bien, mejor de lo que esperaba. Mis pesadillas habían vuelto a transformarse y esa vez no las vivía en carne propia, sino que las veía desde afuera, como una espectadora.
Las emociones tampoco me afectaban igual, así que ya no despertaba gritando, solo con una tristeza profunda por la pérdida. En el fondo de mi cabeza escuchaba una voz muy parecida a la de Rayna que me decía que estar cerca de Ryker, o más probablemente su olor, era lo que me ayudaba a mantener la calma. Pero mi voz interna y yo no íbamos a estar de acuerdo en eso.
Él no podía ser de ayuda y un patán al mismo tiempo. Debía ser yo, que por fin me estaba acostumbrando al trauma y aceptando que aquella era mi vida en ese entonces, sin mis padres... y sin mis amigos. Eso era lo que me seguiría diciendo. Estaba madurando y mi subconsciente por fin estaba entendiendo cómo eran las cosas.

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