Kennedy
Estaba tan enojada de que hubiera ignorado cómo me sentía y simplemente hubiera pasado a cómo sabía lo del rechazo. ¿Acaso esperaba que no me diera cuenta para que no pudiera lastimar a su lobo?
Mi cuerpo temblaba de furia y no sabía cuánto tiempo más podría quedarme allí parada soportando esa pelea. Ya lo había golpeado una vez, no creía que me dejara hacerlo de nuevo. Necesitaba resolver eso de alguna manera o podría explotar.
—¡No! Por supuesto que no —gruñó—. Por mis interacciones con Robin deberías saberlo.
—Te das cuenta de que nunca te he visto interactuar con ella, ¿verdad? Aparte de tus guerreros y de Amy, la única vez que te he visto con alguien más fue en la fiesta de Rayna. Y ahí te la pasaste más que nada coqueteando y adulando a otras.
—¿Mi madre te mostró estos libros? Suena como algo que ella haría.
—No, nunca me la han presentado. Paso mucho tiempo aquí adentro, sola —hice un ademán con el dedo abarcando la oficina—. Supuse que a nadie le importaría si volvía a dejar todo tal y como lo encontré. Los días son largos y a veces las noches son peores.
Me dejé caer en el sofá. Después de esa confesión era como si me hubieran desconectado. Toda la energía se drenó de mí de repente.
—Greta dijo que cenas con mi madre un par de veces a la semana.
Respiré profundo y me le quedé mirando; su confusión era genuina. Seguía clavado en el mismo lugar en medio de la oficina, con los brazos colgando a los lados. Estaba igual de perdido.
La única con la que hacía algo de forma regular, que no fuera un Omega de la casa de la manada, era... carajo, ¿en serio? Suspiré y lo miré lentamente, con mi enojo en aumento.
—Eso tiene sentido —tomé una gran bocanada de aire y no pude evitar que se me escapara una risa irónica—. Tu madre no se llamará Sarah, ¿verdad?
—¿Qué? —finalmente levanté la vista hacia él.
—Eres humana, Kennedy. Frágil. No sé qué te pasará si te hago miembro de la manada. No sé qué te hará el marcarte y nadie tiene respuestas para mí. Mientras más tiempo paso contigo, más me acerco a ti y más se apega mi lobo. Él se ve afectado por ti; si algo te pasa, podría herirlo de muerte. No puedo arriesgarme a que se distraiga o a que sus prioridades estén por todos lados. La manada lo necesita, me necesita a mí, a toda nuestra capacidad. Ya te han atacado dos veces desde que estás aquí. No sé cuál es la mejor forma de mantenerte a salvo. Hacerte miembro de la manada podría lastimarte o matarte, lo cual nos lastimaría a todos. Marcarte podría matarte, y también nos lastimaría a todos. He intentado distraerme. No es una buena excusa, pero es todo lo que tengo. Alejarme de ti ha lastimado a todos, no solo a nosotros. Pero mi lobo no me deja alejarme, mi equipo no me deja alejarme. Ya no. Te necesitamos —se sentó en una silla frente a mí—. Sinceramente, pensé que Bennet estaba exagerando cuando vino a verme anoche.
—¿De qué estás hablando? —esperé a que dijera algo más, pero al parecer esa era toda la idea.
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—Vino a verme y nunca antes lo había visto tan enojado conmigo. La expresión de su rostro era algo que solo había visto en batalla —se frotó la cara y me miró directo a los ojos—. Ni siquiera alcancé a decir “hola” cuando me dio dos puñetazos. Exactamente en el mismo lugar donde tú me golpeaste, de hecho —se rio de sí mismo, frotándose la parte superior de la mejilla con el pulgar—. Dijo que estabas cubierta de moretones y que me golpearía las bolas hasta que yo tuviera el mismo dolor visible que tú si veía alguno nuevo. Solo para que lo sepas, me rompió la nariz y tendría dos ojos morados si no pudiera curarme de la forma en que lo hago. Tu Gamma te tiene cariño y te hizo justicia. Es algo que yo esperaría que él hiciera con cualquiera que te faltara al respeto.

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