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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 118

Solté una risita. Al menos sabía que él sí quería lo mejor para mí, incluso si no podía hablar conmigo.

—Entonces, ¿ahora qué? ¿En dónde nos deja esto? No dejas que te rechace. Tú no me rechazas. No me haces parte de la manada. No me marcas como tu compañera ni como tu Luna. No quieres que entrene, pero odias que sea demasiado débil para protegerme a mí misma. No quieres que salga de la seguridad de la casa de la manada, pero estoy muerta de aburrimiento y la escuela no me distrae lo suficiente. No quieres enseñarme sobre tu manada, pero no te gusta que aprenda cosas de los libros de tu madre. Si soy una Luna, debería estar haciendo algo para ayudar a mejorar esta manada, pero tampoco quieres mi ayuda.

—No necesitas una marca para demostrar que eres una Luna. La manada puede notar quién eres para mí y para ellos.

—Dijiste que tu lobo no te deja alejarte. ¿Qué significa eso exactamente? —Ignoré el comentario sobre la Luna, ya que él básicamente había ignorado el mío.

—Supongo que, como dijo Josh, empezaremos a mostrarte todos los proyectos que tenemos en marcha. Si eso es lo que quieres. Me gustaría que te sentaras conmigo a la hora de comer, si te parece bien. Bennet ha dificultado que te conozca a través de él. Parece creer que necesito esforzarme un poco.

Me dedicó esa media sonrisa que hacía que las mariposas revolotearan en mi estómago. “Cállate, vínculo de compañero...” Aún estaba molesta.

Sin embargo, no pude evitar sonreír ante la idea de que Bennet le complicara las cosas.

—Es un gran Gamma. Aunque tengo que trabajar en sus horarios de patrullaje. Son predecibles. Logro evadir a mis niñeros con bastante frecuencia.

Sonreí por el juego que me había inventado. Era solo otra forma de practicar mis habilidades para rastrear y enmascarar mi olor. La expresión en el rostro de Ryker fue simplemente la cereza del pastel.

—¿A qué te refieres con evadirlos? Si estás en la casa de la manada, ¿cómo los evades?

Simplemente me encogí de hombros. Dejaría que sufriera y sintiera el enojo de verme ir y venir como me placía en el único lugar por el que se me permitía deambular.

—¿Qué más puedo hacer? —Estaba estirando la cuerda todo lo que podía.

—Lo ideal sería que viajaras conmigo, pero no sé si pueda lidiar con eso todavía. Quizás algunos viajes cortos y cercanos, pero me volvería loco si te volvieran a atacar en el camino.

Solo asentí. ¿Qué más se suponía que debía hacer? Sonaba a que podría conseguir un poco de libertad, aunque no fuera de la manera que había planeado. No iba a decir nada que pudiera hacerlo cambiar de opinión. Parecía estar siendo razonable en ese momento.

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