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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 121

Ryker

Se hizo a un lado y palmeó el espacio vacío junto a ella, y al instante empecé a entrar en pánico. No sabía si podía hacer aquello, estar cerca de ella y mantener mis manos quietas. No sabía si mi lobo me lo permitiría. Aquello tenía que ser lento, por el bien de ambos.

¿Y si era demasiado brusco y la lastimaba? ¿Y si era pésimo y ella terminaba de rechazarme?

De todos modos, creía que lo que teníamos en ese momento era mejor. Me enfrentaba a manadas de lobos y a rebeldes despiadados. Arrancaba gargantas y derramaba sangre por la seguridad de mi manada sin parpadear.

Sin embargo, la primera vez que consideré acostarme junto a una hembra, mi compañera, en la misma cama, sentí que iba a vomitar. Respiré profundo y caminé hacia su cama, frotándome las palmas contra los pantalones cortos lentamente, con la esperanza de que no se diera cuenta.

—¿Está bien así? —pregunté, acercando la mano a la manta. Esperaba que mi voz sonara segura.

—Eso creo. ¿A ti te parece bien? Supuse que si duermo bien con Alfa cerca, contigo no debería ser diferente. Pero si no quieres... —Bajó la mirada hacia su regazo.

—Detente —Cerré los ojos y volví a inhalar. A aquel paso iba a hiperventilar. Eso había sonado demasiado duro, pero necesitaba que no pensara que prefería estar en otro lado o con alguien más. Respiré profundo. Era hora de confesar—. De verdad quiero hacerlo. Es solo que... Es que... no sé cómo hacer esto.

—¿Ir a... dormir? —preguntó, levantando una ceja como si yo fuera estúpido, lo cual era cierto. Sí, su tono gritaba que pensaba que yo era un idiota.

—No. Mmm, me refiero a esto —señalé entre los dos. Solo estaba allí de pie a un lado de su cama—. Nunca he hecho esto antes, no tengo ni idea de lo que estoy haciendo.

—Mmm... Bueno, primero tienes que meterte en la cama —dijo.

Genial. Era toda una comediante. Echó la manta hacia atrás y casi me tragué la lengua, empezando a toser sin control.

¿Cómo había podido olvidar que le había quitado los jeans cuando la acosté antes? Quería que estuviera cómoda. Ese había sido mi único pensamiento, pero en ese momento me debatía entre arrepentirme y amar aquella decisión.

—Es difícil de explicar, y necesito concentrarme en mantener las manos quietas. ¿Podemos quedarnos sentados aquí, así, por un rato?

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—¿Quieres acostarte a mi lado y no tocarme? Eso no es para nada reconfortante. Lo sabes, ¿verdad? ¿Hay algún otro lugar en el que preferirías estar? ¿O alguien que no quieres que huela mi aroma en ti?

—¡Mierda, no! —volteé a verla de golpe y pude notar la inquietud en sus ojos.

—¡¿Entonces cuál es tu problema?! ¿Por qué te resulta tan difícil estar cerca de mí? ¿Por qué no quieres tocarme? ¿Por qué estás siendo tan misterioso?

—Si te toco, no sé si seré capaz de controlarme y detenerme —dije, pasándome las manos por la cara. ¿Cómo podía su olor calmarme y alterarme al mismo tiempo? Mi cabeza era un caos.

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