—No, está bien. Aunque debería vestirme.
—¡¿Por qué?!
—Simplemente debo hacerlo. Anoche no tenía energía suficiente para llegar más allá de la cama.
—Entonces, ¿sí te divertiste anoche? —no podía evitar que una sonrisa se asomara en mi rostro.
—Claro que sí. Torturarte se ha convertido en mi nueva forma favorita de juego previo.
—Bueno, me engañaste por completo. Saliste de lo más tranquila mientras yo apenas podía mantenerme en pie. Sigo sin saber qué me hiciste sin haberme hecho nada realmente. ¡Hasta rompí tu ducha, maldita sea!
—Esto sí lo hiciste. Hablando de eso, necesito ducharme de verdad esta mañana; lo de anoche no cuenta —Ella se inquietó ante el recuerdo; era bueno saber que pensar en eso la excitaba.
—Puedes usar la mía.
Se lo propuse esperando que sonara como una petición normal y no como si estuviera desesperado por mantenerla cerca.
Ella asintió y se movió para levantarse de la cama, llevándose el edredón consigo. Lo sujeté por instinto y lo jalé para quitárselo.
—¡Oye!
Estaba completamente desnuda frente a mí. No intentaba esconderse y me encantaba cómo fruncía el ceño molesta conmigo. Sus curvas tonificadas demostraban que se esforzaba trabajando su cuerpo, pero también había cierta suavidad.
Quería hundir mis dedos en la carne de su trasero redondo, pero no podía pensar en eso en ese momento. Debía recordar que tenía que tomarme mi tiempo con ella. Me frustraba muchísimo, pero también me dio mucho el día anterior. Tenía que construir sobre esa confianza y dejar que siguiera llevando el mando en lo que respectaba a esa intimidad.
—Estabas totalmente pegada a mí hacía ni diez minutos y tenía derecho a mirar. Más valía que te acostumbraras —bueno, ella podía mandar a veces—. Solo toma lo que necesites y podemos ir al cuarto de al lado.
Ella puso los ojos en blanco, pero hizo lo que le pedí.
—Bennet, ¿estás vigilando la habitación de Ken?
—¿Así que ahora es “Ken”?

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