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—Mmm. Nunca pensé en eso. —Soltó un suspiro lento y pesado—. Supongo que si se parecen en algo a su tía o a su tío, van a hacer lo que se les dé la gana de todas formas. Ryker y yo reímos al llegar.
Las sanadoras estaban listas con una silla de ruedas cuando llegamos. Jer la bajó, pero no soltó su mano.
Ryker le besó la mejilla.
—Aquí estaremos, avísanos si nos necesitas —le susurró al oído y luego miró a Jeremiah, quien asintió. Y entonces se fueron. Entramos despacio y encontramos asiento en la sala de espera mientras nuestros amigos más cercanos y familiares iban llegando.
Habían pasado un par de horas desde que llevamos a Rayna. Sarah había ido y venido para mantenernos informados. El progreso de Rayna era constante, pero lento.
—Quiere verte, Kennedy —Se acercó Sarah. Miré y vi a Ryker con la cabeza recostada contra la pared, dormido.
Le besé la mejilla. —Ahora vuelvo.
—Te quiero, corderito —murmuró, y sonreí al seguir a Sarah.
Los pasillos estaban tenuemente iluminados, así que no era un susto para quienes estaban en los cuartos cuando se abría una puerta. Sarah empujó la puerta y me asomé antes de entrar. Si por fin se había dormido, no iba a molestarla.
—Entra de una vez. Me estoy volviendo loca. Estos mocosos decidieron que te escucharon y quieren su propio maldito día, y quieren asegurarse de que sea completamente suyo —se frotó la barriga.
Entré y el olor me golpeó de inmediato.
—¿Qué es eso? —pregunté.
—¿Qué cosa? —Sarah me miró, cansada y confundida.

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