Ben
—¿Qué les pasa a ustedes dos? Se comportan como si nunca hubieran hablado con alguien del sexo opuesto. Y sé que ese no es el caso de ninguno de los dos.
—No nos pasa nada. Tenemos un trabajo que hacer y ella es la única que parece ser un objetivo real. Todo lo demás parece una cortina de humo. No deja que nadie la ayude a menos que la obliguen. No confía en nadie, y estoy empezando a pensar que quizá la manipularon para que fuera así. —Salté del auto, cortando la conversación.
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—¡Ah! Ya entiendo. —Tommy me alcanzó en la parte trasera de la camioneta para que pudiéramos hacer el cambio con la siguiente patrulla. Y por lo visto no había terminado de hablar del tema.
—Casi me da miedo preguntar. ¿Qué entiendes? —pregunté mientras me arrancaba la camiseta y la lanzaba al asiento trasero.
—Eres un controlador compulsivo con complejo de héroe. ¡Vives para esta mierda! —Se rio de mí, se desnudó por completo, se transformó y salió corriendo antes de que pudiera siquiera responder. Imbécil.
Terminé de cambiarme y me transformé para unirme a las patrullas. Hasta el momento todo iba bien, pero con todo lo que pasaba en casa y la reputación de Ryker, no nos arriesgábamos. Solo quedaba una hora de viaje y Danny y Josh, el Delta y el Beta de Ryker, iban a reunirse con nosotros para ayudar.
—Hablando de los diablos. —Llamé a Josh.
Su lobo corrió hacia nosotros y se emparejó con nuestro paso.
—Pequeño cambio de planes, chicos. Los últimos días han sido un desastre.
—¿Qué pasó? ¿Están todos bien? —Pensé en Kennedy. Era humana. Necesitaba más protección—. Es una larga historia, pero la Luna...
—¡¿QUÉ LE PASÓ A KENNEDY?! —Mi lobo tropezó con mi arrebato—. ¿Jeremiah lo sabe?
—Necesitas calmarte. Nuestra manada ha visto suficiente en las últimas cuarenta y ocho horas, y mi Luna, tu amiga —pude escuchar a Josh y a su lobo gruñirnos—, se encargó de uno de los problemas esta mañana temprano, ella sola. Y antes de que pierdas la cabeza, está bien. Está en casa durmiendo, donde se quedará sin que nadie la moleste hasta que Ryker lo considere apropiado.
—¿Entonces a dónde vamos? —Tommy intervino; sabía que esa explicación no era suficiente para mí y estaba tratando de evitar que iniciara una pelea que mi lobo tendría que respaldar. Mi lobo también quería a Kennedy, solo que no de la misma manera que yo. La batalla interna se intensificó en mi cabeza.

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