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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 224

No odiaba la idea tanto como Ryker. Bueno, tanto como él lo hacía antes de Kennedy. Entendía que el vínculo nos hacía más fuertes, pero había visto demasiadas cosas malas con los compañeros. La manada de la que Ryker me rescató tenía a los machos más arrogantes y egocéntricos que pudiera imaginarse. Me estremecía solo de pensar en mis últimas noches allí.

—¡Greta! Tenemos patrulla, ¡vamos! —gritó Jensen, arrancándome del pozo que eran esos recuerdos.

Este chico se había metido en problemas una vez y ahora le aterraba romper cualquier regla, incluso llegar puntual a una ronda de patrulla que yo misma había ayudado a organizar.

—¡Ya voy!

Todos queríamos ese campamento de rebeldes. Todavía no había podido descifrar cómo se movían tan rápido sin dejar rastro. Se habían lanzado palabras como “magia” y “brujas”, lo cual era posible. Hasta los vampiros podían generar algún tipo de ilusión, así que todo era posible.

Lo que de verdad no entendía era la estrategia a largo plazo que estaban ejecutando. Kennedy llevaba casi un año allí y Ryker era un idiota que todavía no la había marcado. ¿Qué esperaban esos rebeldes? Copyright ©️ 2024 Miss L Writes and Ember Mantel Productions

Todo transcurrió con calma mientras corríamos por la frontera este. El río era un punto ideal para cruzar hacia nuestro territorio sin ser detectados. Ayudaba que el Alfa Don estuviera del otro lado y que tuviéramos una gran alianza con ellos. Pero algunos visitantes no deseados lo habían utilizado en el pasado, así que debíamos estar vigilantes.

—¡Ataque! —nos avisó Grant por enlace mental, al mismo tiempo que sonaba la alarma de evacuación por incendio.

—Grant, ¿dónde estás? —Me preocupaba más la amenaza que el fuego; para eso teníamos lobos.

—Al noroeste de la Manada Lago de Pino. Evitaron cruzar el lago y tomaron el sendero a pie. O tienen ganas de morir o es una distracción. El Alfa se dirigía hacia el fuego para asegurarse de que no fuera una emboscada. Y parece que la Luna también fue hacia allá.

—Estamos a unos siete minutos. ¿Cuántos son?

—Bastantes —lo escuché gruñir a través del enlace, y aceleramos al máximo. Mi loba lo tomaba más a pecho que yo cuando alguien resultaba herido bajo nuestra guardia.

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