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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 225

Finn

Estaba agotado de todo aquello. Tenía ante mí a esa Luna de reputación tan temida, que era exactamente todo lo que Amy había dicho que era. Sabía que tenía miedo, pero no lo demostraba ni decía nada al respecto. No podía evitar comparar su forma de actuar con la de Amy, mi compañera. Amy tenía ambiciones tan elevadas... yo solo quería un hogar.

Quería dejar de vagar de bosque en bosque. Ella había prometido que esa sería la última zona por la que necesitaríamos pasar. Su padre lo había prometido. Que esa manada les había robado sus tierras y que, una vez que las recuperáramos, podríamos asentarnos.

Ese había sido el plan desde siempre, y por fin podía vislumbrar el final. Mi compañera por fin se entregaría a mí después de cinco años trabajando hacia una meta. Busqué un poco de hielo para la cara de Kennedy.

Dirk nunca debió haberla golpeado, pero siempre había sido un elemento descontrolado que no toleraba bien que le señalaran que era inferior en ningún sentido. Había que sumarle a eso una pequeña Luna humana que claramente le había hecho pasar un mal rato insultándolo, y tarde o temprano tenía que ocurrir.

Aun así, tenía que hacer control de daños. Su compañero no vería con buenos ojos que la hubieran lastimado bajo nuestro cuidado, y mucho menos estaría dispuesto a escuchar las negociaciones para que las tierras de la manada de Amy nos fueran devueltas. Solo quería lo que nos pertenecía, y esa era la única forma de que él escuchara y siquiera considerara el tratado que le propondría.

Preparé una pequeña bolsa con hielo de una hielera y me dirigí de regreso a la tienda de Dirk, pero aminoré el paso al notar que los guardias que había colocado no estaban. ¿Acaso finalmente se había dado cuenta de que podía escapar? Dirk era un idiota y no le había atado los pies; yo no iba a corregir ese error, pues esperaba que jugara a mi favor más adelante. Me acerqué despacio a la tienda, tratando de decidir si prefería encontrarla allí o encontrarla vacía. Sin embargo, escuché una voz que no esperaba.

—Lo rechazaré y le ordenaré que lo acepte. Solo está actuando como Alfa. Me merezco un Alfa de verdad.

Se me cortó el aliento. ¡¿Qué?!

—¿Y en qué te basas para creer eso? —preguntó Kennedy, con tono aburrido.

—Mi papá es nacido Alfa, lo que me da sangre de Alfa. Me merezco un Alfa de sangre pura como compañero, y tendré a Ryker.

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