Finn
Mierda, me dolía la cabeza. Hacía mucho que nadie me golpeaba de verdad. Noté que no nos habíamos movido de allí; no debía haber perdido el conocimiento por mucho tiempo. Estaba arrodillado, con dos guerreros flanqueándome. Tenía las manos atadas con grilletes de plata, y esas cosas picaban horrores.
Respiré profundo y no olí nueva sangre derramada; eso tenía que ser una buena señal. El comando de Kennedy seguía firme. Escuchaba voces en susurros, pero mi cabeza seguía zumbando y la plata era bastante potente y me apagaba los sentidos.
—Finn, ¿dónde está Dirk? —Levanté la vista y vi a Kennedy mirándome por encima del hombro de Ryker, con una ceja enarcada. No sabía si era por mí o por su compañero.
—Puedo llamarlo, si quieres, Luna.
Era lo mínimo que podía hacer por ella. Llevaba un tiempo queriendo deshacerme de él. Esto había sido la gota que derramó el vaso.
—Qué lameculos.
El Gamma no escondió su irritación, lo que hizo que los labios de Kennedy se curvaran en una pequeña sonrisa.
Ella extendió la mano para tocarle el brazo y vi cómo todo su cuerpo se relajaba. Me pregunté cómo sería esa clase de conexión. Sacudí la cabeza para alejar esos pensamientos. Nunca había forjado ese tipo de conexiones, y si mi compañera se salía con la suya, tampoco sería así para mí.
—Gracias, Luna. Lo siento —susurró el Gamma. El momento se rompió con los insultos de Dirk al ser arrastrado hacia adelante.
—Ryker, bájame —susurró ella.

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