—Puedo intentarlo. Tenemos muchas precauciones. Nuestros sentidos no funcionan tan bien dentro del campamento. Curiosamente, esa fue idea de ella y de su padre —dije, poniendo los ojos en blanco.
—Mientras esperamos... Finn, ¿cuántos están aquí contigo? ¿Hay niños o alguien que necesite atención urgente? En serio, esa chica era fuera de serie.
—Tenemos algunos guerreros heridos. No hay niños, pero llevamos cerca de un año sin hogar. Todos agradecerían una cama caliente y una buena comida.
Kennedy miró a Ryker en silencio, como pidiéndole permiso para ayudar a mi manada. En ese momento sentí que el vínculo de lealtad se afianzaba en mi interior. Nunca había pertenecido a una manada, nunca lo había querido, y un par de horas con esta Luna humana me estaban haciendo replantear todo el asunto. Incluso ordenó a sus guerreros que me liberaran de los grilletes de plata.
—Podemos usar la arena para mantenerlos a todos. Sin ofender, Finn, pero necesitamos vigilar a todos tus seguidores. No tenemos idea de quién está colaborando con Amy.
Ni ella ni Ryker me dirigieron la mirada, pero él me estaba dedicando su tiempo. Tomaría lo que pudiera; no merecía ningún tipo de amabilidad de su parte.
—No te lo tomes a mal, Luna. Lo entiendo. Ellos también lo entenderán.
—¿Puedo preguntarte algo? —el Gamma rodeó a Ryker y a Kennedy—. ¿Por qué usas su título?
Me reí con desdén y encogí los hombros. Seguía arrodillado en el suelo; lo hacía a propósito, manteniéndome en desventaja para demostrar que podía acatar instrucciones. —Es una Luna, ¿no te has dado cuenta? Siendo su Gamma y todo lo que eso implica, pensé que tendrías esa información básica.
No debería intentar provocarlo. Seguía furioso porque yo había tenido a Kennedy en mi campamento en contra de su voluntad.
Gruñó y se movió para dar un paso al frente. Kennedy lo detuvo jalándolo del elástico del pantalón corto como si fuera un niño.

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