—Solo quédate ahí, Finn. Por favor. —Al menos era un comienzo; me conocía.
—¿Qué fue eso de hace un rato?
—Nada, déjalo ya y dame un par de minutos. Voy a buscar algo de comer.
Con eso se fue. Sin ninguna otra explicación. Había perdido la cabeza si creía que yo iba a dejarlo pasar. Si tenía algún tipo de estrés postraumático raro, necesitaba saberlo para que no nos matara en plena acción. Aun así, no la seguí. Estaba despierta y podía cuidarse sola. En vez de eso, aproveché para dar una vuelta por el perímetro del campamento mientras ella se calmaba. Encontré un punto en el lado opuesto de donde Greta y yo habíamos pasado la noche, que parecía ser por donde todos los rebeldes entraban y salían con regularidad. Era una estructura tosca que no estaba allí cuando mi grupo pasó por la zona. Troncos y ramas formaban tres paredes y un techo plano.
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Si alguien corría por ahí, ni se notaría. Pero lo que más me preocupaba era que estaba construida contra la ladera de una colina. Podía ser una estructura independiente o conducir hacia el interior de la colina, ocultando a un montón de exploradores como nosotros. Íbamos a tener que entrar ahí.
Regresé a mi lugar para esperar a Greta. No tenía idea de adónde había ido. Tal vez estaba cazando, o había vuelto hasta la cabaña a buscar provisiones como quería hacer el día anterior. Encontré un sitio cerca de unos árboles desde donde tenía mejor vista a través del campamento hacia donde estaba la estructura. No podía verla directamente, pero al menos podía vigilar sus movimientos.
La olí antes de verla. Greta caminaba hacia mí con mejor aspecto que tres horas atrás. Llevaba su propia mochila puesta y parecía estar llena. Mi lobo y mi estómago gruñeron al mismo tiempo. Había vuelto a la cabaña.
“¿Por qué siempre las locas son las que están buenas?”, me preguntó mi lobo.
“No sé, pero contrólate. Ella es nuestra jefa en este momento y tiene la autoridad para arruinar o asegurar nuestra permanencia en Luna Oscura”.
“Lo que sea. Sabes que la Luna te aprecia. No te va a echar por coquetear con una guerrera”.
“No me preocupo por mí, y no estamos coqueteando con Greta. Está loca, ¿recuerdas?”

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