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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 269

Finn

—No, no puedo. Por favor —me susurró tratando de zafarse de mi agarre.

—Quieta —le jalé la cara de vuelta hacia la mía—. Mírame.

Abrió los ojos y de inmediato comenzó a escanear el lugar. Todavía no la había sacado del ascensor, pero había algo allí abajo que no quería ver.

—Deja de buscar una salida. Mírame. —Deslicé las manos a los costados de su cara, como si fueran anteojeras.

—No puedo, Finn. Por favor... —La voz se le apagó cuando por fin me miró a los ojos—. Por favor. —Apenas un susurro. Rara vez me llamaba por mi nombre y jamás suplicaba.

—Habla conmigo. Estuviste recostada a mi lado dos días enteros. Te aseguraste de que saliera de esa batalla. Déjame ayudarte con esta. Habla. Con. Migo. —Sentía su pecho agitado contra el mío.

—No puedo estar aquí abajo, no otra vez. No soporto los lugares subterráneos.

—Dime por qué. —Intenté sacarla del ascensor, pero me aferró las muñecas con las manos y clavó los talones en el piso.

—¡No! —El cuerpo le temblaba de miedo. Pero los ojos se le veían afilados y decididos. Algo le había pasado y el trauma se estaba apoderando de ella. No podía imaginar que Ryker le hubiera hecho algo, ni que hubiera permitido que alguien más lo hiciera, pero quién sabe... yo no llevaba tanto tiempo allí.

Tenía que presionarla. Algo me decía que no dejara pasar aquello. No había intentado matarme todavía y se había quedado a mi lado cuando pudo haberme abandonado a mi suerte. Nada de eso había siquiera cruzado la mente de mi primera compañera. No le decía a nadie que era mi compañera y se negaba a hablar del tema, pero tampoco me había rechazado. Me aferraba a eso por el momento. Quizá podía convencerla de que tener a un errante como compañero no era tan malo.

Me incliné, empujándola contra la pared, y le rocé la oreja con los labios.

—Agárrate. —Soltó un jadeo cuando la levanté en brazos. Sus piernas esbeltas se enredaron alrededor de mi cintura y mis manos le agarraron ese trasero espectacular. Me moví antes de que supiera lo que estaba pasando.

Mirando por encima de su hombro en busca de la sanadora, caminé hasta la habitación más cercana. La sanadora cerró la puerta. También tenía miedo de que Greta huyera.

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—¡Finn! ¿Qué carajo? Dije que no, no quiero estar aquí abajo. —Empezó a forcejear en serio, así que la bajé, pero me quedé entre ella y la puerta.

—Y yo dije que si yo paso por esto, tú también. Terminemos con esto de una vez. Parece que me toca quedarme aquí abajo un par de días. Tener compañía lo haría más llevadero.

—Vete a la mierda. Eres un maldito egoísta. No me voy a quedar aquí abajo contigo.

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