Greta
Me senté y me quedé mirando la puerta durante un largo rato. No se oía ningún sonido del otro lado. No se estaba duchando ni nada, solo esperaba a que me fuera. Debería haberme sentido aliviada. Me había dicho que me fuera y deseaba poder obligar a mi cuerpo a hacer exactamente eso, pero estaba clavada en ese lugar, incapaz de moverme, y mi loba le rogaba en silencio que saliera. Su lobo bloqueaba a la mía, y se me partía el corazón. Algo había cambiado y mi loba estaba sufriendo. Otro punto más para la lista de cosas por las que sentirme culpable.
Me puse de pie, frustrada, y respiré hondo para captar el aroma que él había dejado. Entonces tuve una idea. Pasé las manos por las almohadas y las mantas. Todo lo que fuera suave en esa habitación, lo toqué.
Como mínimo, tal vez así él dormiría bien esa noche. Necesitaba hablar con Kennedy; aquello era algo que no sabía cómo manejar. Seguía sin querer un compañero. No era justo para Finn que yo estuviera rota y no tuviera arreglo. Tampoco me gustaba la idea de que él sufriera por eso.
Habían pasado semanas y Finn no aparecía por ningún lado. Podía sentirlo cuando estaba cerca, pero me estaba evitando. Había tenido la esperanza de encontrarlo durante los entrenamientos para intentar hablar, pero no tuve esa suerte. Ni siquiera alcanzaba a verlo en el otro extremo del campo de entrenamiento.
Si entrenaba, no era en nada a lo que yo asistiera. También había estado aceptando misiones de Ryker; muchas. La única razón por la que sabía tanto era por el lobo de Ryker. Kennedy se negaba rotundamente a hablar conmigo del tema. Solo me decía que Finn ya había pasado por mucho y que necesitaba tiempo. Y que, como era amiga de los dos, no iba a convertirse en intermediaria.
Mi Alfa parecía tener alguna especie de código entre machos con él y solo me avisaba cuándo Finn estaría fuera de la manada para prepararme para la incomodidad de la separación. No me decía adónde ni por cuánto tiempo, solo que se iba.
Salía a correr patrullas tan seguido como podía, con la esperanza de captar su aroma y obtener mi dosis del día. ¿En qué momento mi vida se había convertido en eso? Persiguiendo a un tipo para ver si estaba ahí. Preocupándome por cuándo volvería. Si él ni siquiera me dirigía la palabra ni me dedicaba un segundo de su tiempo. Mi loba resopló, dejando escapar mi frustración.
—¿Estás bien, Greta?
—Estoy bien, Danny. Deja de preguntar.
—Entonces deja de hacer ruidos que dicen lo contrario.
—Cállate y corre, Delta —dije mientras mi loba bufaba otra vez. Ya ni sabía si la loba estaba irritada conmigo o por mí en esos días.
Un golpe brutal me derribó de costado. Mi loba se revolvió para ver al atacante. ¿De dónde demonios había salido? No percibía el olor de nadie nuevo. Cuando mi loba se enderezó, volvieron a tumbarnos una y otra vez.
—¡No puedes ni defenderte como se debe! ¿Qué diablos te pasa, Greta? —preguntó Danny mientras su lobo me inmovilizaba con el hocico cerrado sobre mi cuello.
—No eres tan buen interrogador. —Conseguí arrancarle media risa.
—Puede que no, pero algo te pasa. Si quieres hablar, aquí estoy.
—Estoy bien. —Obligué a mi loba a dar la vuelta y alejarse. Ahora me tocaba ver qué clase de discurso motivacional me tenía preparado mi Alfa. Corrimos hasta mi apartamento, me transformé y me cambié de ropa. Era mejor no hacerlo esperar.
Entrar a la casa de la manada siempre era una experiencia interesante. Desde que Kennedy se había convertido en la Luna, aquello era una puerta giratoria. Ryker siempre había ofrecido comidas para los guerreros y para cualquiera que quisiera unirse. Eso era básicamente todo lo que hacían: comer e irse.
Ahora era un hervidero de actividad. Los adolescentes entraban a hacer sus tareas. Los guerreros en su mayoría seguían comiendo y yéndose, pero con esta nueva amenaza de Janelle habían estado ocupados. Muchos de los lobos mayores lo trataban como una cafetería de “ver y dejarse ver”. La sensación general era de felicidad.
Era esa cercanía de manada unida que sus lobos ansiaban, lo cual explicaba por qué los lobos rebeldes que habían adoptado eran quienes más tiempo pasaban allí. Antes no tenían eso. Y por lo que yo entendía, Amy había hecho todo lo posible por mantenerlos en un estado de sospecha entre ellos. Todos recelaban y estaban divididos, lo que le facilitaba a ella el control.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Luna no deseada por el Alfa
cuando nuevos capítulos? no puede terminar así, o si??...