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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 272

Algunas personas me saludaron con la mano al pasar por el comedor. Podía sentir el aura de Ryker al máximo mientras avanzaba por el pasillo hacia su oficina. Me pregunté qué lo tenía tan alterado. No podía ser que Danny le hubiera dicho que estaba distraída. Ryker tenía mucha más paciencia que eso. Pero la presión me estaba provocando dolor de cabeza. Toqué a la puerta frotándome la frente con la otra mano.

—Adelante.

Entré con los ojos cerrados, luchando contra el dolor de cabeza que me causaba el aura de Alfa. Podría recorrer esa oficina con los ojos vendados si fuera necesario.

—¿Qué pasa, jefe? ¿Por qué la sobrecarga de aura?

—De otro modo no habrías venido.

—¿¡Qué!? —Abrí los ojos de golpe para mirarlo, y los dedos se me deslizaron de la cara. Estaba ahí.

Finn estaba ahí, de pie junto a Ryker, dándome la espalda. Podía notar que se sentía incómodo, tal vez furioso, por la tensión en los hombros y los puños apretados.

Ryker rodeó el escritorio hacia mí.

—Una vez me acorralaste. Creo que la frase fue “deja de actuar como un cobarde” —me palmeó el hombro—. Te has vuelto un peligro y Finn tiene ganas de que lo maten. Los dos están fuera de servicio hasta que resuelvan esto. Hay una habitación de huéspedes en el segundo piso lista. Sí, ambos se quedan aquí, y sí, se quedan juntos. Arreglen sus problemas. No me obliguen a pedir refuerzos.

—Alfa, con todo respeto...

—¿¡En serio!?

Ambos protestamos.

—Les voy a dar un comando de Alfa a los dos. Váyanse.

Miré el techo mientras Ryker salía de su oficina. Inhalé hondo una vez y solté el aire, luego me di la vuelta y salí. Finn podía seguirme o no. De cualquier manera, terminaría llegando a nuestro encierro en algún momento. Esto no era lo mismo que lo suyo con Kennedy. Él tenía miedo por la seguridad de ella y se comportaba como un idiota a la hora de hablar del tema. Yo no debería tener un compañero, y Finn no quería estar ahí, a juzgar por la cantidad de misiones que había aceptado fuera de la manada.

En cuanto salí de la oficina, Robin estaba esperando.

—Por aquí, ustedes dos.

—Robin, estoy segura de que podemos encontrarlo solos —le dije con desprecio.

—Se te olvida que Ryker es quien mejor te conoce. Van a tener escolta. —Estaba sonriendo, la desgraciada.

—Me alegra mucho que disfrutes de esto —refunfuñé.

—Después nos lo van a agradecer. Ryker lo hizo, ¿recuerdas?

—Es una situación completamente diferente y lo sabes.

—¿Qué es eso de “Jeeves”? —preguntó Finn a mi lado; parecía más relajado que en la oficina de Ryker—. Ya lo he escuchado un par de veces.

—Es el conductor de Kennedy, ella le puso el apodo. —Le respondí de golpe, captando la mirada de Grant en el espejo retrovisor.

—¡Oye! No le hagas de menos al apodo. Hubo un tiempo en que nuestro Alfa peleaba con su vínculo de compañero. No muy diferente a ciertos que conozco. Y no me dejaban hablarle, ni siquiera para presentarme. Así que ella me llamó así durante todo el viaje desde su manada de origen hasta aquí. —Se encogió de hombros. Eso no era ni la mitad de la historia, e iba a decirlo cuando me interrumpió—. Ahora que estamos en camino, de nuevo no me dejan hablar. Se supone que ustedes dos tienen que resolver lo que sea que esté pasando. Ah, y todo el equipo sabe lo del asunto de los compañeros, así que no necesitan usar palabras en clave.

—¿¡Qué carajos!? ¿¡Cómo!? ¿¡Quién!?

—Bueno, es bastante obvio si lo piensas bien, pero el Alfa lo confirmó, así que ya no nos lo pueden ocultar. Ya eres de la familia, hermano. —miró a Finn.

—No me feliciten todavía. No me tocan compañeras fáciles. —Podía sentir la mirada furiosa de Finn clavada en mí.

—Sí, bueno, tu primera compañera era una maldita traidora que te hizo secuestrar a nuestra Luna.

—Y la segunda piensa que soy...

—Llegamos aquí, tortolitos —nos interrumpió Grant. Nos detuvimos frente a una casa preciosa en la cima de una colina.

—¿Dónde es “aquí” exactamente? —preguntó Finn, y por una vez tuve que coincidir con el sentimiento.

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