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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 285

Greta

Un rayo de luz solar me dio de lleno en la cara. Jadeé, pero no podía moverme. ¿Qué estaba pasando? Los ojos se me abrieron lentamente y recorrí la habitación. Enseguida vi por qué estaba atrapada. Me encontraba en medio de un enredo de cuatro personas. Gabriel tenía la cabeza sobre mi estómago con el trasero hacia Finn, quien todavía me sostenía la mano derecha entrelazada con la suya, descansando sobre su pecho. Al inclinar un poco más la cabeza, vi a Trinity enredada entre mis piernas. La niña tenía la cabeza sobre mi muslo izquierdo, pero estaba debajo de mi pierna derecha. Los pies de Trinity se metían bajo la pierna de Finn. Eso explicaba por qué ya no tenía la cobija encima: el calor corporal de los tres era más que suficiente.

—¿Cómo es que tú no quedaste enredado en todo esto? —le susurré a Finn.

Escuché un resoplido antes de que él respondiera.

—Sí lo estaba, pero tuve que ir al baño. Cuando volví, ya te tenían acorralada. No se han movido desde entonces.

—¿Escuchaste lo que dijo Ryker sobre la manada de ellos? —No iba a mencionar la parte de la conversación que trataba sobre mí.

—Sí. Creo que lo mejor es dejar que él y Josh se encarguen de lo suyo y que nosotros hablemos con los niños una vez que tengamos respuestas. ¿Está bien? —Me apretó la mano otra vez.

Tragué saliva y la voz me salió nerviosa.

—Bueno.

—Oye. —Me jaló la mano para que lo mirara. Sus ojos azul profundo estaban serios y pensativos—. Llevo mucho tiempo esperando a mi compañera, puedo ser paciente un poco más. —Sonrió y me besó el dorso de la mano. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo—. Esa es una reacción interesante, me pregunto si solo pasa cuando te beso la mano. —Movió las cejas con picardía.

Le arrebaté el brazo mientras él se reía.

—Hay niños presentes. —Lo regañé, aunque solo a medias, y me estiré por encima de Gabriel para tratar de quitármelo de encima. Fue toda una batalla: no era liviano y estaba desparramado. Al final logré ponerme de pie a un lado de la cama.

—Estaba pensando en darte un beso en la mejilla. ¿Por qué estás tan alterada? —Se sentó con facilidad, agarró la camiseta del suelo y se la puso. Mis ojos siguieron las líneas cinceladas de sus abdominales mientras él las escondía detrás de una inoportuna camiseta—. ¿Apruebas lo que ves? —Se rio.

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