Greta
Tenía emociones encontradas. Por un lado, quería darle una paliza a Janelle. Nunca me cayó bien, de todos modos. Ella y Amy siempre se creían demasiado buenas para hacer cualquier trabajo real o esforzarse en algo que no fuera perseguir el liderazgo. Ahora sabía por qué, pero eso no las hacía menos irritantes. Janelle pagaría por todos sus crímenes aunque no fuera la mente detrás de la operación. Todos en la manada le cargarían la mayor responsabilidad a ella. Era cien por ciento personal.
Un beso en el cuello me sacó de mis pensamientos. Contuve el aliento ante la sensación. —Ya tienen esto bajo control. Grant dijo que nos largáramos antes de que le dieran ganas de vomitar —susurró Finn junto a mi oreja, erizándome la piel de pies a cabeza. Solo entonces noté que no estábamos solos con Janelle y sus compañeros. Finn era toda una distracción, iba a tener que cuidarme de eso.
Finn me levantó por los muslos y por instinto le rodeé la cintura con las piernas cuando empezó a caminar. Parecía una tontería, pero no me molestaba estar en una posición vulnerable por primera vez en la vida. Necesitaba tener el mayor contacto posible con él.
—Y yo que pensé que me ibas a estampar contra el árbol más cercano. —Lo provoqué, más o menos. Me encantaba la sensación de todo ese contacto piel con piel. Y no iba a fingir que no sentía la barra de acero frotándose contra mi clítoris mientras caminábamos. Podía acabar solo con eso. Intenté contener un gemido ante la sensación, pero no estaba segura de haberlo logrado.
—Ah, todavía voy a tomarte contra un árbol, pero nadie va a verte cuando acabes. Eso es solo para mis ojos y mis oídos. —Apretó el agarre en mis caderas y pude sentir su emoción ante la idea. El calor y la necesidad me recorrieron entera. Estaba segura de que mi emoción perfumaba el aire a nuestro paso.
—Entonces más te vale sacarme de aquí... ya, o no te voy a dar opción.
Le besé el cuello imitando sus movimientos. Sentí y escuché un gruñido retumbar en su pecho y me prometí hacer eso tan seguido como fuera posible. No perdió el equilibrio ni tropezó en ningún momento. Tenía el control, pero por la tensión en la mandíbula estaba a punto de perderlo. Una parte de mí quería obligarlo a que lo perdiera y la otra estaba de acuerdo. No quería que nadie presenciara nuestro primer apareamiento.

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