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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 363

—Sabio Harlan, es hora. —No podía deshacerme del sonido hueco de mi voz.

—Para ti ahora soy Reuben, Alfa.

—Guárdate lo de “Alfa” para cuando sea oficial.

—Ya eres oficial, niña. La ceremonia es solo gala y protocolo.

—Y aun así, necesaria para que algunos en nuestra manada empiecen a tomarme en serio. Por favor, ayúdame. No tiene que ser nada exagerado ni demasiado planeado. Podemos hacerlo en las escaleras de la entrada, en una hora si es necesario. Necesito que todos entiendan que mi papá ya no está, que yo estoy aquí para quedarme y que este es el comienzo de ese proceso. Además, necesito consejo sobre Sebastian y Richard. Jeff es el traidor y lo tengo bajo custodia. Estaba a cargo de mi madre y lo más probable es que haya sido el medio por el cual la envenenaron. ¿Cómo es posible que nadie, incluyendo a mi padre, haya visto su traición?

—Esa es la pregunta que todos queremos responder. —Los Sabios Reuben Harlan, Silas Moretti y Walter Fenwick cruzaron la puerta de la oficina sin siquiera tocar.

Harlan parecía el típico abuelo dulce y consentidor de las películas. El que te regala una sonrisa y un abrazo mientras te pasa un dulce a escondidas de tu abuela. Fenwick era el viejo gruñón que se sabía la historia de la manada al dedillo y rara vez se equivocaba cuando le preguntaban algo. Moretti era un asesino silencioso. Había sido un gran guerrero antes de ocupar un puesto como uno de nuestros Sabios. Su temperamento parecía inquebrantable. Los tres juntos parecían una mezcla extraña, pero se complementaban y equilibraban a la perfección.

—Adelante, caballeros, pónganse cómodos —dije con sarcasmo, aunque sin verdadera mordacidad. No confiaba mucho en nadie en ese momento y hacía mi mejor esfuerzo por no asumir lo peor de los miembros de mi manada. No todos podían ser malos.

—¿Cómo lo estás llevando? Fue mucho para todos en ese momento, pero tú tienes mucho más en juego con las muertes del Alfa y la Luna. —Harlan dijo lo obvio y el corazón se me volvió a romper, pero no podía mostrar debilidad; mi manada me necesitaba.

—Como era de esperarse. ¿Podemos hacer la ceremonia de Alfa hoy? —Hice contacto visual con los tres.

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