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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 395

Elara

Nunca organizamos muchos eventos mientras crecía. Claro, recibimos Alfas y sus equipos de vez en cuando, pero nunca tuvimos un gran acontecimiento que atrajera a tanta gente. No creí que disfrutaría tener a tantos en mi casa, pero era muy agradable. Me encontraba de pie a un costado del gran comedor donde Melanie y sus Omegas habían dispuesto varias mesas largas, disfrutando la vista. Movieron la mesa de mis padres a la cabecera de la sala, perpendicular al resto de las mesas, donde nos sentamos Brianna, Marietta, Jax, Dev, Ben y yo. Parecía un verdadero comedor comunitario.

—Te vi —gruñó Jax a mi lado.

—¿De qué hablas? —No me moví de mi lugar, pero lo miré de reojo.

—Empezaste a sonreír. O sea, lo disimulaste antes de que alguien que no te conoce lo notara, pero ahí estaba.

—Cállate, imbécil. —Eso fue lo único que pude decir; no iba a negarlo. No a Jax ni a Dev. Habían pasado por todo conmigo y sería un insulto a su inteligencia siquiera fingir.

—¿Y dónde está tu chico? Noto que no ha estado pegado a ti toda la noche.

—¿De qué hablas? Se sentó conmigo en la cena. No tenemos que estar juntos todo el tiempo. No todos los compañeros están unidos por la cadera como tú y Dev. —Tuve que luchar contra la necesidad de agitarme incómoda.

—¿Cómo lleva lo de la magia? Se notaba que no estaba muy contento de ser el único afectado por lo que pasó hoy.

—¿Lo estarías tú en su lugar? —Me volteé hacia él—. O sea, ha entrenado tanto como nosotros para su puesto y es bueno en lo que hace. Un poco autoritario, pero estoy segura de que eso viene de pertenecer a una manada más grande. Y llegar aquí, donde seguro pensó que sería pan comido, y que una fuente desconocida e incontrolable te pateara el trasero... Yo también estaría furiosa. Y está atrapado aquí. —Esperé no haber sonado tan quejumbrosa como me escuché en mi cabeza.

—¿Qué quieres decir con “atrapado”? Vino por voluntad propia —intenté interrumpirlo, pero Jax siguió hablando—. Eligió ser parte de esta manada —otro intento frustrado—. Y te sigue a ti y a tus órdenes, incluso cuando no está de acuerdo. Su lealtad está aquí, contigo, sin importar cuánto intentes alejarlo.

—No estoy...

—¡Estupideces! —Fue un resoplido burlón, pero dolió. No el comentario, sino la sensación de negar la verdad—. Es tan terco como tú y no va a salir corriendo con la cola entre las patas, pero todo macho tiene un punto de quiebre. No lo empujes hasta ahí. No quieres saber lo que se siente.

—¿Y tú cómo lo sabes? —Volví a mirar hacia la multitud, evitando su mirada ensombrecida. Sabía que no iba a responder. Algo había pasado poco después de que fuimos lo bastante grandes para encontrar a nuestros compañeros. Ni Jax ni Dev hablaban de eso, ni siquiera conmigo, pero fue una tensión en su vínculo de compañero durante mucho tiempo.

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