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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 423

Elara

Ben se adelantó y aceleró el paso. Jason había sonado urgente cuando nos contactó por enlace mental. Habríamos sido más rápidos en forma de lobo, pero no sabíamos a qué nos enfrentábamos; no dio ningún otro detalle, así que ambos nos dirigimos por instinto a la camioneta. Estaba abastecida con ropa y comida de emergencia desde el día anterior. No mencionó estar herido ni tener a alguien herido con él, pero preferí estar preparada. La tormenta que la bruja provocó para atraparnos en la cueva se había extendido sobre toda la manada. Se sentía como una nevada invernal normal, pero a esas alturas, quién sabía. Todo lo que habíamos enfrentado llevaba su matiz de magia.

Sabía que Ben jamás lo diría en voz alta, pero la convocatoria lo alegraba. Sentí calidez, o consuelo; tal vez familiaridad. Había algo en poder hablar de nuevo con su viejo amigo a través de su enlace que hacía que esa calidez fluyera entre los dos por nuestro vínculo. Copyright ©️ 2025 Miss L Writes and Ember Mantel Productions

Nunca fui del tipo cariñoso, pero mi cuerpo y mi cerebro estaban en guerra mientras iba sentada en el asiento del copiloto. Quería estirar la mano y tomar el brazo de Ben. Puede que me hubiera burlado de él por ser tan pegajoso, pero no era el único que ansiaba el contacto. Era como si hubiera abierto una puerta que ya no podía cerrarse.

—Puedes tocarme, lo sabes, ¿no? —Ben se rio.

Di un saltito al escucharlo.

—¿Qué? —Parpadeé, mirando su perfil.

—Puedo escuchar los engranajes de tu mente trabajando. Me sorprende que no te salga humo de las orejas. —Sonrió sin apartar los ojos del camino—. Y ni me hagas empezar con las señales que mandas por el vínculo. Si quieres tocarme, no tienes que pedir permiso. No creo que llegue el día en que te diga que no.

Asentí y deslicé la mano por la consola central, envolviendo mis dedos con cautela alrededor de su bíceps. Caí en cuenta de que nunca había hecho eso. Siempre le había permitido al macho con el que estaba sostenerme, tomarme la mano, guiarme; pero nunca había iniciado el contacto. Vaya. Estudié mi mano mientras acariciaba las crestas y valles de músculo. Me acomodé para que mi otra mano pudiera recorrer los músculos tensos de su antebrazo. Di otro respingo cuando flexionó de repente. Sonrió de lado, pícaro.

—Lo disfruto mucho, pero vas a tener que parar, ya casi llegamos con Jeremiah. Aunque eso me lleva a preguntarte: ¿ya pensaste en mi idea para la casa de la manada?

—Sí —dije enderezándome en mi asiento sin romper el contacto, entrelazando nuestras manos—. Pero vamos a tener que dejar eso para después. Veo a Jason, y… ¿son dos con él? —Me incliné hacia el tablero y señalé hacia la derecha de la camioneta mientras él frenaba.

—¿Qué carajo? —murmuró.

Había dos lobos arrodillados, cada uno atado a su árbol. Podía ver que uno era macho y la otra hembra, pero no lograba distinguir sus rasgos. Ambos tenían la cabeza agachada. Jason estaba sentado a unos metros de distancia, de espaldas a nosotros, con una pequeña fogata ardiendo frente a él.

Ben estacionó y ambos bajamos con cautela.

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