—Vaya, de acuerdo. Recuérdenme no hacer enojar a la humana —dijo una de las chicas; creía que se llamaba Tanya.
Aquello relajó el ambiente y pudimos ponernos a trabajar. Sin embargo, eso no evitó que me bombardearan a preguntas todo el tiempo. Fue una gran sesión; hacía mucho que no terminaba tan sudada y adolorida. También tendría un par de moretones para demostrarlo.
Terminamos y nos acercamos a los varones, que habían formado un círculo alrededor del Gamma Bennet y, según creía, del Delta Danny, pero se movían tan rápido que resultaba difícil saberlo. Parecía algún tipo de ejercicio para inmovilizar al otro contra el suelo, parecido a la lucha. Así que nada de llaves al cuello ni nada por el estilo; el movimiento era hipnotizante.
Ambos eran muy atractivos, y no lo decía solo porque mis hormonas estuvieran alborotadas. Los dos estaban muy bien marcados en todos los lugares correctos y, por supuesto, solo llevaban puestos shorts de básquetbol para nuestro beneficio y placer.
Cielos, necesitaba controlar mis instintos y dejar que mi cerebro de guerrera tomara el control de nuevo. Por favor y gracias. Cualquiera pensaría que nunca había visto a hombres lobo en buena forma entrenar o que nunca había tenido acción. Había algo en los chicos de aquella manada que me tenía distraída.
Ninguno de los dos lograba sujetar bien al otro. El Gamma Bennet era un poco más grande que el Delta, pero Danny era flexible y ágil; era capaz de escaparse de cualquier agarre como si fuera un jabón. Aquello parecía estar desesperando al Gamma. Siguieron así por unos minutos más hasta que alguien cerca de mí gritó:
—¡Tiempo!
Me sobresalté un poco por el grito, ya que estaba perdida en aquel momento.


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