—Al menos déjame llevarte.
—¿Qué? —Lo miré de reojo—. ¿Ahora resulta que ya no tengo permitido caminar a ningún lado? Si es así, voy a tener que aumentar mi entrenamiento, porque si no, tu alfa va a tener una compañera obesa. A mí no me bendijeron con ese metabolismo de locos que tienen ustedes. Yo camino a todas partes.
Aquello también era mentira y lo más probable era que él se diera cuenta. Solo necesitaba ser capaz de tomar mis propias decisiones, como mi transporte, por mi cuenta. Ya me sentía asfixiada y apenas había pasado un día, un solo día.
No había participado en los entrenamientos grupales en un rato porque la tía Beth y Rayna me habían necesitado para cosas de la ceremonia. Estaba inquieta y necesitaba moverme. El simple pensamiento hizo que acelerara el paso.
—¿Entonces ahora tienes prisa? —Noté el tono divertido en su voz mientras me seguía el ritmo sin esfuerzo—. Creo que nunca había conocido a nadie que tuviera tantas ganas de llegar a la escuela.
—Bueno, considerando que lo único que me han dicho es “nos vamos hoy” y “empaca”, no tengo idea de qué está pasando ni de cuál es la agenda de tu alfa. Pensé que sería mejor terminar con mis asuntos rápido antes de que alguien se diera cuenta de que tenía más deseos y necesidades para que todos los ignoren —dije con todo el sarcasmo del mundo—. Terminar la escuela no es negociable. Obtener mi título en administración no es negociable. Soy una persona, no una posesión ni una mascota.
—Lu...
—Te juro por todo lo que crees que, si vuelves a tartamudear esa palabra una sola vez más, te vas a quedar sin dientes. No soy una Luna, soy humana. Tu Diosa cometió un error y, en cuanto todos se den cuenta, Ryker podrá rechazarme y todos podremos volver a nuestras vidas de antes.
—La Diosa no comete errores —dijo él con mucha fe—. Y sin importar lo que digas o lo temporal que creas que es esto, eres mi Luna. En cuanto salgamos del territorio de la manada de Jeremiah, todos los guerreros que viajan con nosotros te llamarán Luna y no habrá nada que puedas hacer para evitarlo. Nosotros no tenemos opción, igual que tú. No te enojes, es una muestra de respeto.
Sentí que me observaba fijamente mientras hacía su declaración. Yo mantuve la mirada al frente.
—Enfoca toda esa energía acumulada en otra cosa.
Él sonrió y yo puse los ojos en blanco.
Bennet solo me miró y caminamos en silencio unos pasos. Yo quería que me respondiera y él lo sabía. No iba a hablar antes que él.
—Está bien —suspiró—. Tu escolta, incluyéndome a mí, es de cinco guerreros.
—¿Todo el tiempo, o solo cuando salíamos así?
—En realidad no es para tanto. Es el procedimiento estándar.
—No, no lo es. Tu manada era enorme, la nuestra era pequeña. Beth solo llevaba a su Gamma cuando salía a la ciudad por pendientes rápidos, y a dos si iba a estar fuera todo el día, y eso solo si no estaba con el tío James. En realidad no le ponía atención a aquellas cosas porque no me concernían. Yo siempre he estado rodeada de guerreros, solo que no como la persona a la que protegían. No debería ser un problema que haga preguntas. —Me encogí de hombros cuando llegamos a la cafetería y él me sostuvo la puerta—. No si se supone que debo “actuar como una Luna”. En serio no tengo idea de qué significa eso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Luna no deseada por el Alfa