Kennedy
—Tu Diosa de la Luna y el Alfa opinan lo contrario —respondí, dándole la espalda para dirigirme a Robin.
Necesitaba alejarme de Amy o mi primer acto como Luna, y probablemente el último, sería terminar en la cárcel por asesinato.
—Seguro lo drogaste o algo así. En cuanto se le pase el efecto, te va a tirar a la calle con el resto de la basura.
La cara de Robin mostró un ligero gesto de molestia, pero recobró la compostura. “Vaya, debería aprenderle a hacer eso”.
—Le estás hablando a la Luna, deberías ser más respetuosa —sentenció Robin—. Además, se te dijo que no anduvieras merodeando por la casa de la manada.
—Si ella misma dijo que no le dijera “Luna”. Solo sigo órdenes. Estoy buscando a Ryker, quedamos de vernos esta mañana —respondió Amy con una sonrisa fingida que me daba ganas de borrársela de un golpe.
Sentí celos recorrerme todo el cuerpo. Por lógica sabía que estaba mintiendo, pero sus palabras de todas formas me dolieron y me pusieron de malas. Tuve que esforzarme al máximo para quedarme quieta en mi sitio, pero aquella tipa no iba a venir allí a hacerse la superior. No pensaba darle motivos para que me atacara; darle una paliza entraría en esa categoría, sin importar lo mal que se estuviera portando.
Robin iba a decir algo, pero le puse una mano en el brazo para detenerla.
—Amy, ¿verdad? —dije con el tono más dulce que pude fingir—. Estaba hablando con Robin, no contigo. Para ti soy la Luna Kennedy, y al Alfa Ryker también lo llamas por su título, para que nos entendamos. Mis amigos tienen privilegios; tú no eres uno de ellos. Ahora, la puerta está por allá. Robin y yo tenemos mucho que hacer.
Levanté las cejas y me quedé mirándola fijamente hasta que ella suspiró y se fue.
No volví a respirar hasta que la vi cruzar la puerta principal.
—Bien hecho, Luna —dijo Bennet, acercándose por detrás.
—Sigo sin ser la Luna. Esa tipa solo necesita entender cuál es su lugar, y no es aquí. Parece que la última vez no le quedó claro.

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