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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 93

Como era de esperarse, mi puerta estaba al lado de la suya. La situación era todavía más frustrante por lo intenso de su aroma; era delicioso y me hacía agua la boca. Aquello iba a ser un martirio. Nadie que fuera tan grosero debería verse ni oler como él; no era justo para el resto de nosotros, los simples mortales.

Cuando Robin me dejó pasar, casi me fui de espaldas y sentí que me faltaba el aire.

—¡Vaya! ¿Es en serio? No puede ser que esto sea para mí.

—Sí. Esto es suyo. Avíseme si quiere cambiar algo. Ya tiene una computadora de escritorio lista para usar. Lamento que todavía no tengamos su laptop; está en mi lista de pendientes para hoy. De ese lado está el baño. Tenemos siempre lista ropa casual, ropa deportiva y un traje para usted. También hay un área de comida y bebidas en esa otra pared —dijo señalando hacia un ventanal enorme. Debíamos estar del mismo lado que mi recámara, porque la vista al bosque era igual de impresionante—. Díganos qué botanas le gustan y nos encargaremos de que nunca falten.

Yo solo alcancé a asentir; estaba muy abrumada.

—Si eso es todo, tengo otras cosas que atender. Que Bennet me mande un enlace mental si necesita algo más.

En ese momento el corazón se me detuvo un segundo. Tenía que pasar por Bennet para lo que fuera. Respiré y traté de sonreírle. Los dos estaban haciendo lo posible por hacerme sentir cómoda, dentro de lo que se les permitía.

—Gracias, Robin, te lo agradezco mucho.

Caminé por la oficina. Había cosas por todos lados. A la mamá de Ryker le debían encantar los adornos y las chucherías. Tenía que descubrir qué cosas tenían valor sentimental, porque todo aquello me hacía sentir encerrada. No iba a tirar nada, pero necesitaba guardar algunas cosas antes de que me diera vértigo.

Las patas del escritorio eran de una madera oscura y brillante preciosa. La parte de arriba estaba hecha de una sección vertical del tronco, donde cada anillo parecía una franja. Era una belleza rústica y estaba protegida por un vidrio grueso. También había una salita muy bella con un sillón para dos, una mesa de centro y dos sillones que se veían muy cómodos, todo frente a la chimenea.

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