El hombre, que ya había llegado a la puerta, se detuvo, la miró de reojo con una expresión insondable y luego, aflojándose la corbata y desabrochándose el cuello de la camisa, regresó.
Josefina sintió el peligro y deseó poder coserse la boca. Se levantó de un salto.
—¡No hagas locuras! ¡Tengo que ir a trabajar! —le advirtió.
Al ver su expresión de pánico, un brillo travieso cruzó por la mirada de Benjamín.
—No vuelvas a decir esas cosas —murmuró con tono tranquilo—. De lo contrario, no me molestaría llevar esta situación hasta sus últimas consecuencias.
De todos modos, ya no era necesario tomar pastillas.
Josefina apretó los dientes, aguantando el coraje, y lo vio salir.
Volvió a sentarse en la orilla de la cama, bajando la mirada, envuelta en una profunda tristeza.
A pesar de todo lo que él le había dicho anoche, y por más pruebas que le hubiera mostrado, ella seguía sin creerle.
Y ahora, por culpa de este asunto, estaba atrapada con él y no podía divorciarse.
Josefina sentía un cansancio tremendo.
En ese momento sonó su celular. Lo sacó y vio que era una llamada de Andrés.
—¿Bueno? —contestó, con un tono bastante frío.
—Ven al hospital —ordenó Andrés.
—¿A qué? ¿Qué quieres? —La voz de Josefina se volvió aún más distante.
—¡Josefina, soy tu padre! ¿Cómo te atreves a hablarme así? ¿No te puedo buscar nada más porque sí? Tu madre sigue internada, ¿y ni siquiera se te ocurre venir a verla? —La paciencia de Andrés no duró ni tres segundos antes de estallar del coraje.
Josefina apretó el celular y le contestó:
—¿Pues no tienen a su hija perfecta, Magdalena Salinas? ¿Qué más da si voy o no?
—¡Eres una malagradecida! —gritó Andrés, con ganas de estrellar el teléfono—. ¡Ven para acá ahorita mismo! Si no vienes, ¡le voy a pasar tus acciones a Magda!
Y sin darle tiempo a responder, le colgó.
Al escuchar eso, Josefina se quedó pasmada.
«¿Qué quiso decir? ¿Cómo que mis acciones? ¿Acaso piensa darme una parte de la empresa?»
No entendía nada, pero definitivamente no podía dejar pasar una oportunidad así. Se arregló de inmediato y salió rumbo al hospital.
Cuando llegó a la habitación, vio que Magdalena ya estaba ahí.

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