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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 122

Los señores cruzaron miradas, preocupados.

Andrés tomó la palabra:

—Magda, esto no es nada. Desde que entraste a nuestra familia, cuidarte ha sido nuestro deber. No te metas ideas raras en la cabeza. Si no sabes de negocios, no pasa nada, yo pongo a alguien a administrar tu parte. Ándale, firma.

Jimena también intervino para convencerla.

—Así es. Alberto va creciendo y no puedes estar pegada a él toda la vida. Tú también necesitas tu espacio, y esto te va a dar mucha seguridad económica.

Magdalena, muy conmovida, dijo:

—Papá, mamá... son tan buenos conmigo.

Se limpió la comisura del ojo fingiendo una lágrima, y añadió:

—Pero de verdad no hace falta. Estoy muy feliz con lo que tengo ahora y no quiero causarles ningún problema por este tema. No insistan, por favor. No lo voy a firmar.

—Magda, eres tan buena que me partes el corazón. —Jimena le tomó las manos, mirándola con puro amor.

Andrés suspiró.

—Ojalá fueras nuestra hija de sangre.

—Ay, por favor. —Josefina, que había estado observando el teatrito, soltó una carcajada sarcástica—. Qué hipócritas son.

Dicho esto, dio media vuelta y salió del cuarto.

—¡Pinche escuincla! —masculló Andrés al verla irse, muy enojado.

Jimena suspiró profundo y comentó:

—Magda, Jose está demasiado consentida. Si te hace alguna grosería, yo te pido una disculpa en su nombre. No le guardes rencor, ¿sí?

Magdalena bajó la mirada, haciéndose la mártir.

—No estoy enojada, mamá. Es Jose.

Jimena sonrió, aliviada.

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