Entrar Via

La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 126

Benjamín volvió a subir al coche. Su atractivo rostro denotaba una furia contenida y el ambiente en el interior del vehículo se sentía tenso, casi sólido.

Tras avanzar cierta distancia, finalmente habló:

—No te esfuerces en vano. Tarde o temprano me enteraré de todo lo que haces.

Josefina, por su parte, giró la cabeza para mirar por la ventana, ignorándolo por completo.

Benjamín frunció el ceño y le dirigió una mirada a su nuca, sintiendo un nudo de frustración en el pecho.

La imagen de ella cenando con Emiliano, con una sonrisa en los labios y una expresión de ternura, apareció en su mente, provocándole una profunda molestia.

¿Cuánto tiempo hacía que no le sonreía así a él?

Recordaba que, la noche de su aniversario de bodas, ella no había dejado de buscarlo y abrazarlo.

Pero, ¿cuánto tiempo había pasado desde entonces? Su relación había dado un giro radical y a él le costaba mucho acostumbrarse.

El coche se detuvo en el estacionamiento subterráneo del complejo residencial. Josefina intentó abrir la puerta para bajar, pero se dio cuenta de que tenía el seguro puesto.

Se giró para mirarlo.

—Abre la puerta.

Benjamín la observó con una mirada oscura.

—¿Acaso solo me hablas por iniciativa propia en momentos como este?

El corazón de Josefina dio un vuelco. Bajó la mirada y dijo:

—Benjamín, de verdad estoy cansada. ¿Qué sentido tiene seguir complicándonos la vida así?

—Apenas han pasado ocho años y ya estás cansada, ¿qué pasará con el resto de nuestras vidas? —replicó Benjamín con voz grave—. ¿No habíamos acordado que sería para siempre?

—Ese «para siempre» del que hablé era solo para ti y para mí, sin nadie más de por medio —respondió ella.

—Nunca ha habido nadie más entre nosotros.

Josefina cerró los ojos, exhausta.

—Mejor divorciémonos. Es demasiado agotador hablar contigo.

—Jamás voy a aceptar eso.

Josefina se quedó sin palabras ante su terquedad.

No dijo nada más. Mantuvo la mirada perdida hacia el frente, y un silencio sepulcral se instaló en el coche.

Benjamín no dejaba de observarla. Su mirada, pesada y ardiente, recorría el rostro inexpresivo de la mujer.

De pronto, una oleada de enojo lo invadió.

Se desabrochó el cinturón de seguridad, se inclinó sobre ella y le tomó el rostro con la intención de besarla.

El sonido de una fuerte bofetada resonó en el interior del vehículo.

Sin decir más, colgó la llamada de inmediato.

***

En el Club San Laureano.

Emiliano empujó la puerta del área privada y entró con una expresión de total resignación.

—¡Oye, en serio me asustaste, cabrón!

Benjamín estaba sentado en el sillón con una camisa negra impecable, rodeado de botellas sobre la mesa. Le dirigió una mirada helada.

Emiliano tomó asiento frente a él, notó su expresión y arqueó una ceja.

—¿Qué mosca te picó? Pareces a punto de interrogarme por algún crimen.

—Hablando de eso, ¿alguna vez has escuchado un dicho muy particular? —preguntó Benjamín con tono gélido.

—¿Cuál?

—«Entre marido y mujer, nadie se debe meter».

El semblante de Emiliano cambió por un segundo antes de soltar una sonrisa resignada.

—Ya veo que nada se te escapa. Pero como ya di mi palabra en este asunto, tengo que llegar hasta el final.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte