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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 167

Después de arreglar lo del trabajo de Mauro, Teresa se puso a dar vueltas por su habitación, con un rostro que demostraba gran disgusto.

Detestaba con toda su alma que la amenazaran.

Josefina la decepcionaba cada vez más.

Dándole de vueltas al asunto, decidió marcarle a Cecilia.

—Señora Teresa —contestó Cecilia, con un tono sumamente respetuoso.

Teresa le preguntó con voz amable:

—Dime, Cecilia, ¿ya regresaste a trabajar como secretaria de Benjamín?

Cecilia sonaba bastante deprimida.

—Precisamente de eso quería hablarle, señora. El director Gutiérrez se niega a recibirme. Bloqueó mi número y no tengo forma de comunicarme con él.

Teresa soltó un suspiro.

—Así es su carácter, cuando se le mete una idea en la cabeza, es muy difícil hacerlo cambiar. Pero no te desanimes. Mañana en la noche hay un evento, quiero que me acompañes. Benjamín también estará ahí; cuando lo veas, trata de hablar bien con él. Si se da cuenta de que tu intención es ayudarlo, seguramente cederá y dejará que te quedes.

La voz de Cecilia se llenó de entusiasmo al instante.

—¡Claro que sí, haré lo que usted me diga!

Teresa sonrió satisfecha.

—¿Tienes tiempo libre hoy? Vamos un rato a la clínica de belleza.

—Me parece perfecto.

***

La invitación para la velada llegó al escritorio de Benjamín.

Sin siquiera levantar la mirada de los documentos, Benjamín ordenó:

—Ve tú en mi lugar.

Valentín parecía en un apuro.

—Director Gutiérrez, la familia Fuentes le está dando muchísima importancia a este evento. Lo organizaron para celebrar el regreso de su hijo mayor, que vivía en el extranjero. Si usted no asiste en persona, podría complicarse la negociación para los futuros proyectos.

Después de una pausa, agregó:

—Además, la señora Teresa dejó en claro que es indispensable que usted asista. Ella y la señora Fuentes son muy buenas amigas, así que, por cortesía, debería ir.

Benjamín frunció el ceño, claramente fastidiado, y dijo:

—Tú llamaste a mi abuela una amante cualquiera —soltó Josefina secamente—. Eso no es algo que se me vaya a olvidar.

Hubo un silencio breve en la línea. Luego, Jimena prosiguió:

—Jose, no sabes cómo pasaron las cosas con tu abuela, pero no voy a pelear contigo por eso. Mejor ya no hablemos del tema. Solo acompáñame a la fiesta de mañana, ¿de acuerdo?

Josefina sonrió de lado, con ironía, y le propuso:

—Tienes una hija adoptiva que adoras, ¿no es así? Pues invítala a ella.

Dicho esto, le colgó el teléfono de tajo.

No sabía qué mosca le había picado a Jimena, pero no iba a caer en su jueguecito.

Para su sorpresa, al día siguiente Silvia la buscó en el trabajo.

Al verla todavía en su puesto, le reclamó:

—¿Qué haces trabajando? ¿No piensas ir a la reunión de los Fuentes?

—No voy a ir. —Josefina negó con la cabeza y le preguntó con curiosidad—: Oye, ¿por qué todos andan tan alborotados con ese evento?

—¡Pues porque es importantísimo ir! —exclamó Silvia, totalmente convencida—. El motivo principal de los Fuentes es presentar en sociedad a su hijo que acaba de regresar al país, pero el segundo es buscar socios comerciales. Todos los representantes de las grandes empresas van a estar ahí. Obviamente tu familia también está invitada. Si tú no te presentas, la que va a brillar es Magdalena, y a la hora de buscar aliados, todos pensarán en ella. ¡Jose, no le vayas a ceder ese espacio a esa estúpida!

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