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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 168

Josefina se quedó pasmada tras asimilar la información.

«¿A eso se refería Jimena con su llamada de anoche?».

O sea que, al decir que no, ¡le había dejado la vía libre a Magdalena!

¡De ninguna manera iba a permitir eso!

Con el rostro repentinamente serio, miró a Silvia y le dio la razón:

—Tienes toda la boca llena de razón. Tengo que asistir sí o sí.

Al final de cuentas, el Grupo León iba a ser suyo. Aunque ella no supiera cómo manejar los negocios corporativos y terminara contratando a un administrador externo, jamás podía permitir que Magdalena se convirtiera en la imagen pública de la compañía.

Silvia asintió enérgica.

—Así me gusta. Pide salir más temprano hoy, tenemos que arreglarte, conseguirte un buen vestido y dejarte espectacular.

—Va, me parece perfecto.

Josefina asintió y fue a buscar a Rodrigo para pedirle permiso de ausentarse.

Rodrigo le dio permiso de irse dos horas antes de su turno, aunque la miró con cierta sospecha.

—Magdalena me acaba de pedir permiso también —le advirtió—. Solo te digo una cosa: no vayan a armar un escándalo y terminar gritándose, si se lastiman la garganta me lo van a tener que pagar.

Josefina sonrió y lo tranquilizó:

—No te preocupes, no voy con ganas de pelear con nadie.

Rodrigo no supo qué responder a eso.

Al salir de la empresa con Silvia, primero fueron a comprar un vestido de noche y luego se metieron a un salón de belleza.

Terminó escogiendo un vestido largo en color vino tinto. Le peinaron el cabello en ondas sueltas y la maquillaron de tal manera que sus rasgos lucían impecables. Se veía espectacular, irradiando la misma energía de una rosa roja recién florecida.

La elegante recepción de la familia Fuentes se llevaba a cabo en el Club Monte Claro.

Al caer la noche, las luces del enorme salón brillaban con intensidad y se escuchaba de fondo la suave melodía de un piano.

Cuando Josefina y Silvia entraron juntas, captaron inmediatamente las miradas de los presentes.

Sin embargo, la mayoría de la gente observaba a Josefina con una mezcla de curiosidad e incertidumbre.

Algunos, incluso, comenzaron a cuchichear a sus espaldas:

Mientras hablaba, un inconfundible rastro de desprecio asomó en sus ojos.

Josefina no agarró la bebida que le ofrecía; en cambio, tomó una directamente de la charola, chocó delicadamente su copa con la de Beatriz y soltó:

—Si tanta curiosidad te causa lo que pasa en mi matrimonio, ¿qué te parece si te hago un lugarcito debajo de mi cama para que no te pierdas ni un detalle?

Beatriz palideció y su expresión se tornó hostil.

—Era solo una pequeña broma. No tiene que tomarse las cosas tan a pecho.

Josefina fingió sorpresa ante su respuesta.

—¡Pero si yo también estaba bromeando! ¿Acaso te molestaste? ¿Crees que debajo de la cama vas a estar muy apretada? Bueno, si quieres te puedes quedar parada en una esquina de la recámara; así puedes ver todo en primera fila.

Beatriz enrojeció de ira.

Apretó su copa con fuerza, obligándose a sí misma a tragarse su coraje para no aventarle el trago a Josefina en la cara.

Bufando de rabia, le espetó finalmente:

—La protagonista en esa cama ni siquiera eres tú, así que no veo qué tanto presumes.

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