Josefina se llevó la mano a la boca, muy sorprendida, pero bajó la voz y dijo:
—¡Dios mío! ¿De verdad te quedaste mirando junto a la cama?
Beatriz se quedó sin palabras.
Sin darle tiempo a reaccionar, Josefina añadió:
—¿O acaso también querías ser la protagonista de esa historia?
Beatriz apretó con fuerza su copa de vino y, apretando los dientes, le dijo:
—Ya que la señora Gutiérrez está aquí, espero que disfrute la velada. Yo me retiro.
Se dio la vuelta y se fue a platicar con otras personas.
Josefina esbozó una sonrisa de lado, con un destello de burla en los ojos.
Silvia se había contenido todo ese tiempo. Miró con preocupación el rostro de Josefina y le preguntó:
—Jose, ¿estás bien?
—Yo estoy bien, la que no lo está es ella. ¿No viste cómo se quedó callada? —Josefina sonrió.
Sin embargo, Silvia sentía lástima por ella.
—¿En qué demonios está pensando ese cabrón? Asistir a esta cena con la viuda de su hermano... ¿Acaso quiere gritarle al mundo lo que hay entre ellos? Si es así, ¿por qué no firma los papeles del divorcio contigo?
Todo por su culpa, Josefina tenía que soportar esas burlas, dejando que cualquiera viniera a pisotearla.
Si no fuera porque llevaría las de perder, Silvia de verdad habría ido a partirle la cara a ese infeliz.
Josefina le acarició el brazo y la tranquilizó:
—Ya, no te enojes. No olvides a qué vinimos hoy.
Silvia respiró hondo para calmarse.
—¿Por qué no ha salido todavía el hijo mayor de la familia Fuentes?
Josefina miró a su alrededor y respondió:
—Aún no llegan todos los invitados. Es obvio que el protagonista será el último en aparecer. Vamos a comer algo de botana mientras tanto.
—Va, me parece bien.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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