A Silvia se le encogió el corazón y casi suelta a llorar. Apretó las manos de su amiga con fuerza. —Jose, pase lo que pase, no puedes rendirte. Todo eso te pertenece a ti. Esa Magdalena nada más apareció de la nada para robarte tu lugar; nunca debió haberse metido en tu familia.
Josefina cerró los ojos, intentando ahogar la marea de emociones amargas. Finalmente, esbozó una sonrisa fingida y asintió:
—Tienes razón. Todo está bien. No voy a dejar que me afecte.
Silvia se acercó y le dio un abrazo.
—Tranquila. Pase lo que pase, yo siempre estaré de tu lado.
Josefina apoyó la barbilla en su hombro. Al sentir el calor del abrazo de su mejor amiga, logró sonreír de verdad.
—Qué bueno que te tengo a ti.
Ambas se quedaron en aquel rincón durante un buen rato, hasta que Josefina terminó de asimilar su frustración. Después, regresaron al salón de eventos.
Manuel ya había concluido su discurso, en el que aprovechó para presentar los nuevos proyectos del Grupo Fuentes. Como era de esperarse, toda la crema y nata de la sociedad no tardó en acercarse a saludarlo.
Manuel intercambió un par de palabras de cortesía y luego se escabulló rumbo a la planta alta.
En el fondo, el Grupo Fuentes buscaba pactar únicamente con los tiburones de la industria; todas las empresas de medio pelo que habían invitado solo estaban allí para hacer bulto.
Con su aguda vista, Josefina alcanzó a notar cómo Benjamín subía las escaleras acompañado de Magdalena.
Apretó su copa con impotencia.
Jimena se le acercó y le dijo:
—Jose, ya lo viste por ti misma. El Grupo Fuentes se va a asociar con nosotros a través de la agencia de Magda. Si vas allá arriba ahora mismo, vas a arruinar por completo nuestra imagen ante la familia Fuentes. Terminaríamos perdiendo demasiado dinero. Así que, por favor, en este momento te pido que no vayas a entrometerte. ¿De acuerdo?
Josefina la miró a los ojos, con una extraña y escalofriante calma. —¿Por qué piensas que voy a entrometerme? Yo solo quiero aportar mi granito de arena por la familia.
Aquello era un claro aviso de que tenía todas las intenciones de seguirlos.
Jimena la tomó del brazo.
—Jose...
Sin embargo, Josefina esquivó su toque y continuó caminando a paso firme hacia las escaleras.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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