Benjamín forzó una sonrisa desprovista de emoción.
—Qué casualidad.
Manuel percibió al instante la hostilidad del hombre; un ambiente tenso comenzó a extenderse, llenando el espacio con una presión intimidante.
Benjamín volteó hacia Josefina, suavizando el tono de voz.
—Jose, tengo hambre, ¿me puedo quedar a cenar con ustedes?
Josefina le lanzó una mirada totalmente inexpresiva.
¿Acaso pensaba que le iba a hacer caso?
Qué chiste.
A él jamás le habían importado ni sus sentimientos ni sus palabras. Todo se lo pasaba por el arco del triunfo.
Apartó la vista y lo ignoró olímpicamente.
Benjamín sintió una punzada en el pecho y, sin pensarlo, le apretó levemente los dedos.
—Jose.
—Suéltame, quiero tomar agua —dijo ella con voz tajante.
La mirada de Benjamín se ensombreció aún más, pero terminó por soltarla.
Manuel, desde su asiento frente a ellos, observaba muy atento la dinámica.
Era obvio que las cosas en ese matrimonio no andaban nada bien.
Trajeron los platillos, y Benjamín le pidió al mesero un servicio extra, aprovechando para ordenar la comida favorita de Josefina.
El ambiente en la mesa se volvió espeso y sofocante.
De repente, Manuel recibió una llamada. Miró a Josefina con una expresión de disculpa.
—Perdone, señorita León, me surgió un contratiempo y me tengo que retirar.
Josefina negó con la cabeza amablemente.
—No se preocupe, atienda sus asuntos.
Manuel se puso de pie, le dio un leve asentimiento a Benjamín y se marchó.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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