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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 177

Benjamín forzó una sonrisa desprovista de emoción.

—Qué casualidad.

Manuel percibió al instante la hostilidad del hombre; un ambiente tenso comenzó a extenderse, llenando el espacio con una presión intimidante.

Benjamín volteó hacia Josefina, suavizando el tono de voz.

—Jose, tengo hambre, ¿me puedo quedar a cenar con ustedes?

Josefina le lanzó una mirada totalmente inexpresiva.

¿Acaso pensaba que le iba a hacer caso?

Qué chiste.

A él jamás le habían importado ni sus sentimientos ni sus palabras. Todo se lo pasaba por el arco del triunfo.

Apartó la vista y lo ignoró olímpicamente.

Benjamín sintió una punzada en el pecho y, sin pensarlo, le apretó levemente los dedos.

—Jose.

—Suéltame, quiero tomar agua —dijo ella con voz tajante.

La mirada de Benjamín se ensombreció aún más, pero terminó por soltarla.

Manuel, desde su asiento frente a ellos, observaba muy atento la dinámica.

Era obvio que las cosas en ese matrimonio no andaban nada bien.

Trajeron los platillos, y Benjamín le pidió al mesero un servicio extra, aprovechando para ordenar la comida favorita de Josefina.

El ambiente en la mesa se volvió espeso y sofocante.

De repente, Manuel recibió una llamada. Miró a Josefina con una expresión de disculpa.

—Perdone, señorita León, me surgió un contratiempo y me tengo que retirar.

Josefina negó con la cabeza amablemente.

—No se preocupe, atienda sus asuntos.

Manuel se puso de pie, le dio un leve asentimiento a Benjamín y se marchó.

Josefina miró aquel rostro tan apuesto y se rio de su propia desgracia.

—Sí, tuvieron que pasar ocho años para que por fin me diera cuenta de la clase de persona que eres. Resulta que la que da más risa soy yo.

Al escuchar sus palabras, Benjamín estuvo a punto de estallar de rabia. Sus manos, apoyadas en los descansabrazos de la silla, se apretaron con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

—¿De verdad crees que sabes lo que siento? —le reclamó con voz grave, mientras el aura tensa a su alrededor se intensificaba.

Josefina parpadeó nerviosa antes de bajar la vista.

—Pongamos un ejemplo. Si yo no te hubiera pedido el divorcio y hubiera seguido viviendo contigo como si nada, seguro me habrías ocultado muchas más cosas además de tu viajecito para acompañarla en el parto o de tu vasectomía. Cada vez hubieras llegado más lejos.

Tomó aire profundo. Se había repetido mil veces que ya no le iba a doler, pero con tan solo recordar aquellas traiciones, sentía el nudo en la garganta.

—Benjamín, pasaste todo el embarazo con ella y te operaste para no tener hijos por culpa de su hijo... Después de hacer semejantes barbaridades, ¿todavía te atreves a decir que me amas? ¿No te parece ridículo? ¿Por qué tendría que creerte?

Por más que intentó controlarse, se le humedecieron los ojos. Tuvo que respirar un par de veces para ahogar el llanto que quería escapar.

Él siempre usaba el pretexto de que llevaban ocho años juntos y que con eso bastaba para conocerse.

Pero hasta la fecha, a ella le seguía pareciendo un completo desconocido.

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