Teresa arrugó la frente. ¿En qué demonios andaba metido su hijo?
Cecilia la observaba a un lado, encogiéndose un poco.
—Señora, la verdad ya no quiero seguir con esto. Me da algo de miedo...
Teresa levantó la vista para mirarla fijamente.
—¿No me habías dicho que te gustaba Benjamín? ¿Ya te vas a rendir tan rápido?
Cecilia se mordió el labio y confesó:
—Es que en serio me dio mucho miedo. Señora, creo que me voy a ir de viaje unos días al extranjero. Ya le daré una respuesta cuando regrese.
Dicho esto, dio media vuelta y se marchó.
Teresa frunció el ceño; le parecía que esa muchacha era una completa inútil.
Teresa se quedó sin palabras ante la cobardía de la chica.
***
La noche había caído por completo y las luces de la ciudad comenzaban a brillar. En el interior del restaurante flotaba la suave y elegante melodía de un violín. Cada mesa tenía una pequeña lámpara que la iluminaba, pero el resto del lugar permanecía sumido en una romántica penumbra.
Era un lugar con un ambiente bastante íntimo.
Josefina había ido allí con Benjamín en el pasado.
En aquella ocasión hubo un apagón y, mientras todos los demás se iban, ellos se habían quedado besándose en la oscuridad.
—Señorita León, ¿se le antoja pedir algo más?
La voz de Manuel llegó desde el otro lado de la mesa.
Josefina volvió en sí, sacudió la cabeza para ahuyentar el recuerdo y sonrió.
—Con esto es más que suficiente.
Manuel asintió e hizo una seña para que el mesero se retirara.
La observó con una mirada atenta y cálida.
—Sé que se lo he dicho varias veces, pero quiero reiterarlo: de verdad le agradezco mucho por lo de hoy.
—¿Cómo es que estaba usted ahí solo? —le preguntó Josefina.
Manuel soltó un suspiro de resignación y contestó:
—Solo quería unos minutos de silencio para tomar aire, pero no contaba con que me fuera a dar un ataque justo en ese momento.
Josefina asintió, comprendiendo la situación.
Sacó también su teléfono e intercambiaron números.
Apenas terminaba de guardarlo, cuando se escuchó el chirrido molesto de una silla siendo arrastrada junto a su mesa.
Se sobresaltó, levantó la mirada y vio que Benjamín había aparecido de la nada, había jalado la silla y se había sentado a su lado como si nada.
Frunció sus hermosas cejas de inmediato.
—¿Qué haces tú aquí?
Benjamín se aflojó la corbata, como si aquel gesto pudiera aliviar la opresión que sentía en el pecho.
Esbozó una sonrisa fría y carente de emoción, y comentó:
—Vaya sorpresa me diste, Jose. ¿Desde cuándo te llevas con el director Fuentes?
—¿Quién es el señor? —preguntó Manuel con extrañeza.
Benjamín fijó sus ojos en él, le tomó la mano a Josefina y se presentó con toda naturalidad:
—Benjamín, esposo de Josefina.
A Manuel se le notó la sorpresa en la mirada; jamás se imaginó que ella estuviera casada. Sin embargo, supo disimularlo rápido, asintió con una sonrisa educada y respondió:
—Mucho gusto, señor Gutiérrez. La señorita León me salvó la vida hace un rato, y para demostrarle mi agradecimiento la invité a cenar. Por favor, no vaya a malinterpretar las cosas.

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