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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 179

—Jose, hoy te ves hermosa.

Benjamín le rodeó los hombros con el brazo. Al mirar su esbelta figura envuelta en su gran saco, el vestido rojo que llevaba lo dejó fascinado.

Josefina caminó hacia adelante con el rostro inexpresivo. Al subir al coche, arrojó el saco hacia afuera sin dudarlo.

—¿No te gusta este saco? —preguntó Benjamín, observando la escena e inclinándose para recogerlo—. Entonces no lo volveré a usar. Acto seguido, lo tiró directamente al bote de basura.

—Tampoco me gustas tú —le soltó Josefina, mirándolo fijamente—. ¿Podrías dejar de aparecerte frente a mí?

—No digas tonterías —respondió Benjamín con una media sonrisa, restándole importancia a sus palabras.

Le ordenó al chofer que avanzara y volvió a tomar la mano de Josefina.

Ella se apartó de inmediato y se puso a jugar en su celular.

Al ver su reacción, la mirada de Benjamín se oscureció. Después de un buen rato en marcha, por fin rompió el silencio:

—No te acerques demasiado a Manuel. No te dejes engañar por las apariencias.

Josefina ni siquiera parpadeó, como si no lo hubiera escuchado.

—Jose.

Al no obtener respuesta, Benjamín se molestó y la llamó con un tono más grave.

Ella levantó la vista apenas para mirarlo y replicó:

—¿Acaso tú eres mejor persona?

Benjamín sintió una presión en el pecho. La mirada gélida de ella era demasiado afilada y lo hacía sentir muy incómodo.

—Yo no te haría daño —afirmó Benjamín con seriedad—. Él no es tan inofensivo como parece.

Josefina volvió la vista a su juego, sin ganas de seguir prestándole atención.

El interior del coche quedó sumido en un profundo silencio. Una atmósfera tensa e inexplicable llenó el espacio, tanto que el chofer se mantuvo rígido en su asiento, sin atreverse siquiera a respirar muy fuerte.

Pronto llegaron a la zona residencial. Josefina se bajó de inmediato y caminó hacia la entrada sin mirar atrás.

—¿Ah? ¿Tan rápido? —preguntó Silvia perpleja—. ¿Pudiste ver al señor Fuentes?

—Sí, logré hablar con él —respondió Josefina con una leve sonrisa, contándole todo lo que había pasado hacía un rato. Sin duda, esa era la parte que más la había alegrado en toda la noche.

—¡No manches! ¡Eres increíble, mi amor! —exclamó Silvia sin escatimar en halagos—. Le ganaste a esa estúpida, ¡estoy tan feliz! ¡Qué forma de callarles la boca a todos!

Josefina se recostó en la cama y suspiró:

—Ojalá que la colaboración con el Grupo Fuentes se concrete; solo así valdrá la pena de verdad.

—Seguro que sí —la animó Silvia—. Por lo que me cuentas, ese Manuel es de los que saben agradecer. Ya verás que te lo va a compensar.

—Eso espero —murmuró Josefina, seguida de un bostezo—. Híjole, Silvia, estoy agotada. Ya me voy a dormir.

—Sale, que descanses.

Silvia colgó la llamada. Esa noche, Josefina durmió de maravilla. Al día siguiente, llegó a trabajar llena de energía.

Apenas entró a la oficina, vio a Magdalena, quien tenía unas ojeras muy marcadas. ¡Al verla, el humor de Josefina mejoró aún más!

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