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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 189

Una vez concretada la adquisición, se quedarían sin autonomía; pasarían de ser una empresa independiente a convertirse en un simple departamento del Grupo Gutiérrez.

En el fondo, no querían acceder.

Pero el Grupo Gutiérrez fue muy claro: si no aceptaban la compra, retirarían su inversión y cancelarían todos los proyectos en puerta.

El jefe se sintió tan presionado que, al final, no le quedó de otra más que firmar.

Mientras la compra del estudio de doblaje iba viento en popa, Benjamín ya había llegado al restaurante donde Josefina y los demás estaban comiendo.

Los guardaespaldas que protegían a Josefina en secreto le habían estado reportando su ubicación en tiempo real.

Entraron al área privada. Benjamín, con un semblante oscuro, pidió el salón que estaba justo al lado del de ellos.

El espacioso cuarto se sentía vacío y, como la insonorización no era la mejor, las voces se filtraban tenuemente a través de la pared.

De vez en cuando, alcanzaba a escuchar las risas de ella.

Benjamín se sentó en la silla, prestando atención a esas carcajadas que venían del otro lado del muro. El coraje en su pecho no hacía más que arder con mayor intensidad.

¿Le sonreía tan feliz a otro hombre?

¿Acaso se le había olvidado que alguna vez le juró que a quien más amaba era a él?

Apretó los puños sobre sus muslos, y su rostro se tornó aún más lúgubre y amenazante.

Se hizo un pesado silencio en la habitación.

Durante la comida, Silvia pudo darse cuenta de cómo era realmente Manuel. Tenía un carácter alivianado, cero aires de grandeza y, de vez en cuando, soltaba alguna broma; sin darse cuenta, el ambiente entre ellos se volvió mucho más cercano.

Ella no pudo evitar sugerir:

—Oigan, ya somos amigos, dejen de hablarse de usted con tanto protocolo. ¿Por qué no se llaman por sus nombres?

Josefina se quedó pensativa. ¿A poco ya estaban en ese nivel de confianza?

Manuel, en cambio, esbozó una cálida sonrisa y asintió.

—Tienes razón, a mí también me parece muy formal tratarla de usted.

Sin embargo, Manuel reaccionó con una agilidad impresionante y se hizo a un lado para esquivarlo; su cálida sonrisa fue reemplazada por una mirada implacable.

Al ver que había fallado, el atacante lanzó una mirada llena de saña hacia la persona que estaba a un lado, levantó la navaja y soltó otro tajo ciego.

¡Y esa persona junto a Manuel era nada menos que Josefina!

—¡Ay, Jose, cuidado! —gritó Silvia a todo pulmón desde un costado.

El rostro de Manuel se llenó de horror. Quiso jalar a Josefina para quitarla del medio, pero debido a que acababa de esquivar el golpe anterior, la distancia entre ambos se había ampliado demasiado.

La mente de Josefina se puso en blanco por un segundo y su cuerpo entero se congeló. Su cerebro le gritaba que corriera de inmediato, ¡pero sus piernas simplemente no le respondían!

Justo cuando la hoja metálica estaba por perforarle el pecho, alguien tiró de ella con una fuerza brutal, obligándola a retroceder de golpe. ¡En esa misma fracción de segundo, el agresor salió volando tras recibir una fuerte patada!

Ese inconfundible y fresco aroma envolvió por completo a Josefina. La voz profunda y resonante de Benjamín sonó a escasos centímetros de su oído:

—Sométanlo contra el piso.

Como salidos de la nada, varios guardaespaldas se abalanzaron sobre el atacante y lo inmovilizaron por completo.

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