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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 232

Tener que recurrir a trucos bajos para ver a su propia mujer era absurdo.

Si alguien se enterara, sería el hazmerreír.

Josefina asintió.

—Está bien.

Benjamín la miró fijamente, apretando los labios hasta formar una línea tensa.

Josefina frunció el ceño con ligereza.

—Ya te dije que sí. ¿Necesitas algo más?

—Me vas a mentir de nuevo. —Benjamín se levantó de golpe y avanzó hacia ella—. Apuesto a que planeas volver a bloquearme en cuanto me vaya.

A Josefina se le congeló la expresión; eso era exactamente lo que tenía en mente.

No esperaba que la descubriera tan fácil.

Al verla guardar silencio, Benjamín curvó los labios en una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Jose, me decepcionas mucho.

—¡Ya basta, Benjamín! ¿Qué caso tiene seguir con esta terquedad? —Josefina perdió la paciencia y lo fulminó con una mirada fría y burlona—. ¿Qué pretendes lograr haciéndote la víctima? ¿Acaso no fuiste tú quien me lastimó primero? Si tanto te duele lo que estoy haciendo ahora, ¿tienes una mínima idea de cómo me sentí yo todo este tiempo?

Benjamín la escuchó lanzar todos esos reproches en voz alta. Se quedó impasible por un instante antes de responder:

—Solo estoy haciendo lo que me pediste.

—¿Lo que yo te pedí? Ja... Lo dices como si me hubieras puesto una pistola en la cabeza. Qué ridículo. No te estoy obligando a nada, ni tú tienes que forzarte a hacer algo que no quieres. Esto ya no tiene ningún sentido.

A Josefina le parecía el colmo. Como esposo, él había sido incapaz de mantener una lealtad absoluta y le había llenado la cabeza de mentiras. ¿Y ahora tenía el descaro de decir que seguía sus exigencias?

¡Ese hombre no tenía la menor idea de lo que significaba ser un esposo!

¡Todo había sido un error desde el principio!

Josefina señaló hacia la entrada.

—Lárgate. No quiero verte la cara ahorita.

La expresión de Benjamín se ensombreció.

—Sin importar lo que haga, nunca vas a estar conforme, ¿verdad?

—¡Así es!

Josefina levantó la barbilla, sosteniéndole la mirada sin titubear.

—Por eso te digo, Jose, deja de hacer berrinches. La vista desde aquí es bonita, pero a tu habitación le hacen falta varias cosas; pediré que las traigan. —Benjamín estiró la mano y la tomó de la muñeca.

Josefina lo miró con absoluta repulsión.

—Eres un descarado, Benjamín.

—Siempre he sido así. Llevamos tantos años de conocernos, que ya deberías tenerlo claro —contestó él en tono calmado.

En ese instante, Josefina sintió un escalofrío que le heló la sangre.

Con el rostro pálido y sin expresión, dejó que la llevara a la recámara principal. Benjamín empezó a criticar los detalles de la habitación, pero al final se acercó a besarla y le susurró:

—No nos distraigamos de lo importante.

Josefina apartó la cara y lo cortó en seco:

—Estoy en mis días.

Benjamín se detuvo, posó la mano sobre su vientre y notó lo tensa que estaba por los cólicos.

Suspiró y murmuró:

—¿Entonces no hubo suerte esta vez?

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